martes, 26 de marzo de 2013

Marzo recorre el invierno.

Un tropel de nubes pasa debajo de la luna. A ratos la desdibujan.



Juro fidelidad eterna para con esta tarde. Y sus nubes.

Herido por el sol tardío que se detuvo en aquella enredadera.




La tarde no se marchita. Sólo suelta su aliento dorado.


 

La tarde, infinita, te recuerda. Vienes llegando en cada avión. Así ha sido. Así cierra sus ojos la tarde.

No me salves de esta tarde. Concibo mi lenta muerte debajo de sus nubes.


Pertenezco a la tarde. Me ha partido apenas.

Ninguna tarde como esta: todas se vuelven Una.





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