viernes, 4 de marzo de 2011

El derviche y su deseo

Cuando a los seres humanos se les estaban dando sus características, uno de los ángeles se dirigió a un hombre que iba a ser derviche y le preguntó: - ¿Qué es lo que quieres?
El futuro derviche respondió: - Nada.
Y continuó sentado en contemplación de la Verdad.
El Ángel se dirigió a los futuros seres humanos, uno tras otro, y les preguntó cuáles eran sus deseos.
El futuro rey dijo: - Pompa e importancia.
El futuro campesino dijo: - Trabajo que hacer.
El futuro guerrero dijo: - Gloria.
Y así sucesivamente.
Entonces una voz le dijo al futuro derviche: - No has pedido nada para ti y aún no es tarde para escoger. Sin embargo, debido a tu deseo de Verdad, tendrás, una vislumbre de cómo la humanidad usará los atributos…
Mientras el futuro derviche miraba en un espejo que se mantenía delante de él, vio reyes con su pompa y ceremonia, campesinos trabajando sin cesar, soldados luchando constantemente…
Entonces el futuro derviche dijo entrecortadamente: - Pero ¿cuál será el futuro de la Gente Instruida?
La imagen del espejo cambió, y vio sacerdotes, académicos y expertos de todas clases. Habían deseado opiniones, convicciones y erudición. El resultado, por supuesto, era que a menudo se extraviaban, y conducían a otros tan lejos de la Verdad como iban ellos mismos.
El futuro derviche exclamó: - Pero ¿por qué no hay un medio de buscar conocimiento sin opinión, verdad sin obsesión, hechos sin identificación personal con ellos?
- De algún modo es demasiado tarde para que estas cosas sean dadas a los tipos existentes –dijo el Ángel–, y por lo tanto la gente considerará hechos como conocimiento, opinión como sabiduría, dedicación como piedad y mérito.
- Pero –dijo el futuro derviche– ¿cómo llegará la gente a conocer  que la verdad no es opinión, que los hechos no son conocimiento, que la creencia no tiene valor?
- Porque –dijo el Ángel– cuando la opinión se toma como hecho no encaja perfectamente. Cuando se cree que los hechos son conocimiento, hay una irregularidad en la persona que trata de integrar esto en sí misma. Y del mismo modo la obsesión deja un hueco cuando se confunde con el deber.
- Y ¿qué ocurre entonces? –preguntó el futuro derviche.
- Entonces, la gente que trata de encajar uno en el lugar del otro se vuelve vana, se enfada, se ve lo mezquinos que son, y la demás gente, observándolos, comenzarán a buscar el conocimiento real.
El futuro derviche preguntó: –¿No habrá nada que impida a la gente ver las limitaciones de los especialistas?
- Sólo –dijo el Ángel– si hay demasiada vanidad, emoción y mezquindad por parte del observador.

Tomado de: Cuentos y enseñanzas sufíes de Idries Shah

1 comentario:

Patricia dijo...

Entonces ¿qué nos hace diferentes?
¿verdad?Cuánto reflexiono y a veces parece que toooooodos esos rasgos no me dejan pasar más allá. Te envío Besos