viernes, 21 de enero de 2011

Antes de que termine el jueves

Hace más de 25 años, cuando mi padre había muerto, dije en voz alta: "no quiero dedicarme a las computadoras toda la vida". Estoy seguro que la fricción por la que atravesaba creó dentro mío un espacio que lo llenó una claridad serena y por ello dije lo que dije. Quienes estaban allí me preguntaron qué quería ser. Les dije "quiero ser o alfarero o panadero". 25 años después de ese fines de abril o inicio de mayo de 1985 tomé un diplomado de Pastelería y Panadería en un magnífico lugar.
Cuando niño, los sábados le ayudaba a mi Mamá a cocinar. De sus pródigas manos sólo salían manjares: fruta de pollo, jalea de membrillo, pastel “Mai Onno”, mamey convertido en nieve, chongos enamorados de canela, lomo de cerdo salseado en papa, gelatina de jerez y vanilla, fideo seco con queso, capirotada, pastel de oscuro chocolate.

Ahora, en mi nueva vida, yo cocino para mí. Para mi gusto. También para agradar a otras personas y así celebrar el hecho simple de estar vivo. No sólo me alimento: busco cocinarme algo que se parezca a lo que he probado procurando la novedad. ¡Cómo recuerdo aquel experimento que de niño hice con huevo y frijoles y jamás probé! Años después supe que a ése experimento mío del Bajío Guanajuatense les dicen “huevos aporreados”, ¡si supieran mis hermanos Jarochos que yo fui el aporreado!

Cuando preparo algo de comer, procuro infundirle toda mi intencionalidad amorosa de ése instante. “¿A qué huele, qué le falta, ya está?” Es lo que me surge en mi contacto con lo que voy creando y cocinando. A mi señora madre le bastaba con oler para percibir la sazón de lo que preparaba. Cuando metía la cuchara y se servía en su palma un poco de ésa sustancia humeante sólo era para comprobar su afinado sentido del olfato. Y del gusto. Intento hacer lo mismo.
Me doy cuenta de que ahora, cuando cocino, le rindo homenaje a ésas mañanas sabatinas entre zanahorias y cernidores, recetas y sabores, consejos y corazón.

Durante mi vida profesional me desarrollé en el terreno de las computadoras.

Hasta hace unos días pues dejé la oficina.

He decidido estudiar en serio gastronomía.

Quiero hacer un esfuerzo consciente de acercarme a lo que, creo, es mi nota en el Concierto Universal. Y quiero tocarla desde las fibras más hondas de mi corazón. Con todo el Ser que tengo.

¿Será?

6 comentarios:

Zuzu dijo...

Que delicioso texto, tan lleno de aromas, colores y sabores.
Éxito :)

Gisela Santibáñez dijo...

Me gustó mucho tu publicación. A mí también me encanta cocinar e innovar mientras lo hago. Lo disfruté mucho. Felicidades en esta nueva etapa.

loboPoeta dijo...

Zuzu: gracias por percibir mi texto como lo haces. Me siento leído.

Gisela: gracias por tus felicitaciones. Estaré reportándome...

Diana dijo...

Que así sea, querido. Un abrazo.

loboPoeta dijo...

Gracias Diana. Gracias muchas.

loboPoeta dijo...

Gracias Diana. Gracias muchas.