viernes, 28 de agosto de 2009

Hafiz - Even after all this time


Even
After
All this time
The sun never says to the earth,

"You owe
Me."

Look
What happens
With a love like that,
It lights the
Whole
Sky.



En el transcurso
De todos
Los tiempos
El Sol nunca le ha dicho al corazón:

"Me debes."

Mira
Lo que pasa
Con un amor como este.
Es la luz y
El cielo entero.



Aún
Después
De todo este tiempo
El sol jamás le dice a la tierra,

"Me debes."

Mira
Lo que pasa
Con un amor así,
Que ilumina
Todo
El cielo.


jueves, 27 de agosto de 2009

Hay números en mi vida.



Hay números en mi vida, ciertos números —no sabes— cuya cifra guarda un significado especial: 5598-6621 cuando busco tu voz inmediata, tu voz como regalo de tu circunstancia, tu voz cruzando velozmente sombras.

Sin embargo, cuando quiero acortar la distancia, el número crece un poco: 0155-5598-6621 suspiro eléctrico interrumpiendo el ritmo somnoliento de la tarde. Tanto número en busca de tu respuesta. Es el ruido de la noche persiguiendo oscuramente, a escondidas, el rumor del alba.

Pero desde ayer sábado último de mes y hoy domingo primero, este número es un individuo inútil, terca paloma que vuela a ningún lado, que de pronto no supo dónde quedó la ventana de tu recámara. De nada sirvió insistir, esta vez la tarde y su noche acompañante cruzaron el cielo sin sobresalto.

Más allá de este número, ciego abracadabra, sólo hubo un tono y un mensaje manifiesto: “… el número que marcó está fuera de servicio…”.

Antes este número, como llave para entrar en otro mundo, cumplió su cometido. Su funcionamiento fue pausa obligada para respirar tranquilamente, para verificar afirmaciones, para reforzar negaciones.

Hoy no hay número que me comunique contigo.



He de confesar, que al marcar tu número y no obtener más que el mismo tono y mensaje insulso, me habita un gusto insano y cálido. Placer semejante al que descubro cuando sorprendo entre mis sueños a La Vigilia sentada a la orilla de mi cama, observándome con placidez.

Gracias a mi insistencia, ahora me imagino que has aprendido a modular tu voz y eres tú quien recita frente al auricular: “… el número que marcó está fuera de servicio…”. Es tu voz. Tu dulce voz.

Hay ocasiones en que, luego de colgar, rápidamente marco de nuevo tu número para comprobar el estado de silencio, tu silencio a pausas.

La contumaz paloma que de súbito se ha desorientado, ha decidido anidar en el montón de cables inconexos de mi olvido. Encuentra agradable ése sitio de desmemoria, ¿es que encontró algo que perdí deliberadamente?, por algo sus diminutos ojos brillan, negrísimos, al mirarme.

El lenguaje de mi paloma es de migajón y nueces. El mío es de lluvia y manos con dedos presionando botones y largas barras espaciadoras donde habita la paciencia y anida la esperanza. No entiendo sus misivas. ¿Cómo me hablará de mis silencios escondidos en esa maraña de cables?; ¿con largas miradas o breves pausas? ¿Cómo sabré de su aleteo confundiéndose con tu parpadeo?; ¿con vuelos suavísimos e inesperados o currucucús de insomnio?, ¿cómo preguntárselo siquiera?

Hoy mi paloma me sorprendió con una rama de olivo del día de mi olvido.




Noche oscilante, la Ciudad se estremece. Instantes de trémula quietud, de suspenso por miríadas. Fórmula de tiempo que la vida usa para interrumpir la rutina de millones de rostros. Pausa no ansiada: despertar.

Eres tú en el fondo. Pacífico corazón oceánico arreglando sus profundidades, los asuntos que sólo tienen que ver con tus abismos. Desde allá percute tu latido, entre una ola tuya y todos tus amaneceres. Allá, mucho más allá, debajo de una piel líquida, femenina y de sal oscura,

Mi paloma de viento y líneas telefónicas conoce el centro de ese gran corazón. Tanto que tu movimiento no alteró la dulzura de su quietud. Tanto, que aún cuando bajo sus alas el instante era tibio, alzó su mirada como su vuelo rumbo a tu ventana, en pos de noticias tuyas.

Corazón de abrazo marino: sé que tus altas olas pueden apagar de tajo sueños de mujeres y hombres de la costa, te pregunto: ¿quieres pulsar estas líneas?

Corazón de Lidia: aquí resuenas también.




Noches de invierno tímido y cielos fríos. Desde lo alto, Orión me nombra y su llamado habita mi cabeza.

Las estrellas no son otra cosa que la ruta imaginaria donde transita a su capricho una diosa perenne y olvidadiza que se levanta tarde los fines de semana y gusta de jugar las canicas en los cielos de noviembre. Deidad cuya risa de piña rebana el sol en carcajadas. Única deidad que nació al amparo de una noche de luna plena al canto del río que sólo sabe de mariposas.

Las estrellas no son otra cosa que la cartografía que mi Alma recorre en noches de cielo y corazón abierto, a través de la cabellera oscura de la galaxia: larga e inverosímil.

Las estrellas no son otra cosa que luces de poblaros distantes que festejan la otra orilla de la noche. Donde siempre es dos de febrero. Son melodías bullangueras que salpican a quienes sueñan la noche.




Dejé mi paloma reposando en la Ciudad y me dirigí al encuentro del campo y la Fiesta. Anhelaba otro fluir, respirar el fervor religioso que pasean y vitorean en el río. Despertar bajo otro cielo.

En tu pueblo natal descubrí que la madrugada está hecha de un azúcar morena y nocturma. Allí me acompañó tu hermano el río hasta llegar a un pueblo donde todo es fandango, donde la alegría no es un milagro sino un manjar sin estación.

Desayunando cerca del Retorno de las Gaviotas, hice migas con un espíritu de grandes alas claras, todo vuelo y corazón, cuya memoria juguetona surca la parte de mí que dejé en espera del temporal. Esta gaviota, epifanía del cielo y del río, escondió varios mensajes para ti entre las mañanitas, flores dulces que sólo nacen al amparo del alba, en el patio de la casa de tus abuelos.

Logré reunirme con el río que creí que solo de noche y en mis sueños hablaba. Respiré la plata que dibujan las embarcaciones cuando lo acarician. Desperté con un gran árbol danzante en mi pecho, todo pájaros, cantando en mí.

De regreso en la Ciudad, le canto a mi paloma un rumor de travesía ribereña y sus ojos se anegan de un piélago azul, como sólo hay en mis sueños.

Mis ojos guardan un resplandor lejano, es el verdor crepuscular del cañal que en la noche se le prende fuego: mi zafra está próxima.




Al final tuve que viajar todo este tiempo reunirme conmigo. Allá, en la otra orilla de mí mismo, donde me abandoné frente a mi naufragio.

Formé cuerpo en mi torrente pluvial. De esta era caudalosa recuperé mis manos y con ellas todo lo que he escrito.

Obtuve abrigo entre la neblina del bosque, mi nombre estuvo en cada rama, donde el verde es aroma y flor. Fui nube suspirada por el viento. Luna y sol me acariciaron como a un igual. Crecí.

Mucho antes de conocerte, mi paloma mensajera me dedicó su terquedad llevándome mensajes de encuentros, nostalgias y renacimientos. Tres elementos fueron sólo permanencia en su recurrente lenguaje alado: Ubicación, Búsqueda, Revelación.

Nuevamente lluvia soy.




Algún día —como alguna noche— habré de leer en voz alta los textos que te he escrito. Ésos que pasearon en tu librero, tus favoritos, los que cantan en la claridad de tus manos, los que navegan hondo en el agua indómita de tu mirada.

Entonces mi voz será transportada por un grito de noche. Mi voz capaz de romper distancias y quebrar reflejos. A través de potreros, linderos de piedra y llanos, cruzando vías del ferrocarril y tranvías, después del lago, mucho antes del asfalto que me une y separa de ti, me escucharás como si te hablara al oído, como una llamarada que penetra desde el cableado telefónico, como un abrazo de piel y labios.

Abrirás los ojos y una marea inusitada de nubes inundará tu dormitorio. A esa hora de lo eterno, mi paloma pertenecerá al azul de la mar, embelesada de tanto cielo. Será un arrullo de agua rumorosa, campana marina, navío con velas hinchadas de besos, amanecer de las bocas entregadas al amor no dicho de las palabras que se escriben de una buena vez y desde siempre.

Marcarás un número.

El viento será el único testigo.

Quiero estar al otro lado de la línea para responder.

jueves, 20 de agosto de 2009

Romanticuario



Doy fe de aquella tarde color mazapán, prosa de nubes, árboles, cielo. Epifanía de una carta escrita hace eones por una mano grácil que abre y cierra el suspiro vespertino de La Ciudad.

El abrazo crepuscular que recibí de la distancia interrumpió mis pasos.

Un vendedor me ofreció ruedas de mazapán. Sin dudarlo mis dedos buscaron y encontré una moneda. Le agradecí y el joven se alejó sin saber lo que le había comprado: una rebanada de aquella tarde que se brindaba sólo para mí.

Atento al poniente anidando en las copas de los árboles, abrí el papel celofán de mi golosina. Al dejar rodar en mi lengua su sabor, mi pupila recordó tardes de piel y labios, las que fueron todo manos bajo la lluvia, las que atardecieron en mi paladar.

Por un momento el cielo, mi boca y las nubes gozaron el mismo sabor sedoso, fui algo más que un transeúnte de la calle Ámsterdam.

Instante preciso: soy un mensaje escrito por una divinidad que abre su mano de luz... y la cierra: suspiro vespertino en la ciudad.

Soy el beso que la tarde anhela de mi boca.



Cómo tengo ganas de encontrarte a media avenida frente a tu casa y mi casa, en verdad: ¡cómo tengo ganas!

Suceso providencial: tú cruzando de un lado, yo del otro. Como sobre barcas nos aproximaremos hacia la misma isla delgada que es el camellón. Tú, hermosa emisaria del viento, estremecerás lo fijo del concreto al bajar tus finos pies. Tus pasos leerán la oración sólida y duradera que el camellón a mitad de camino canta. Sabrá que una Mujer de Xueves llegó a su centro. Yo me bajaré con respeto de mi embarcación, como quien ha cruzado un río a lomo de un elefante sagrado.

Una vez tus manos en las mías seré todo ojos todo labios. Tiempo desgajándose en un beso sostenido entre tu boca y mi boca. Instante palpitante. Corazón de medio día. Puente entre el rumor ribereño de la mañana y la duermevela de la tarde.

Una vez tus ojos en los míos, La Ciudad en tu sonrisa suspirará convencida que las mejores tardes son las que nutren las nubes, cuando los árboles perfuman de verde las calles aún enamoradas del agua.

Una vez tus labios en los míos, me consagraré en tu aroma de Mujer recién bañada: perenne y delgada, inasible y corpórea, juguetona y rebelde.

Mujer bien Amada, vecina del tercer piso; en el distribuidor vial caminaste acompañada por luminosos limones, bailadores en la tarima de tu agridulce son.



El Popocatépetl exhaló al medio día un sábado de ceniza.

Extraña invasora dentro de los hogares fue la ropa limpia, húmeda huérfana de tendederos, privada de la noticia del sol.

Lluvia seca, lluvia suave: sabia lluvia. Tiza del gis con que Dios trazó la cartografía estelar.

Entre mis manos y el cielo, entre la fuente de la glorieta y mi pecho, desciende, apacible, un hilo de ceniza como de arena. Es el escurrir de mi propio tiempo, constancia de mi vivir batiente. Continua aproximación a mi vida como hacia mi muerte.

Algún día seré una flor dispersa en un mar inmenso.

Probable momento para dejar de escribir
de existir.

Fin de semana como del mundo.

La ciudad también recibió un recordatorio de finitud.



Como cayendo viene el agua. El cielo, de pura nube y celeste escondido, tiene respuesta sorpresiva. Estos frescos días de evitar charcos o disfrutarlos cuando no hay más remedio, me tienen de contento.

Como descubriendo entre el agua de la sorpresa y la ausencia del sol, en las vías del tranvía del anhelo brotaron flores. Los trolebuses mugen al detenerse. Por la avenida transitan automóviles con nubes y niños. Triunfante, la neblina ha hecho de mi cama su guarida. Me subo de nuevo a la vida, asomo mi rostro por la ventana y respiro este aire de noche húmeda.

Como expresando mi enojo se derrumba la tormenta sobre La Ciudad. ¡Cómo obedece mi encomienda el granizo, qué eficaz! Hoy es mi quinta lluvia y el Jueves, Xueves, Llueves, Yueves se arroja desde lo alto como si no reconociera otro camino para poblar mis ojos.

Como escribiendo la respuesta imprevista, las letras al sol ausente y los charcos fotos de cielo, escribo Tu Nombre en la espalda de la mañana y descubro un poema nadando a besos en mi pecho.




Con la lluvia de mi lado fui a tu encuentro. La Ciudad desquiciada por un poco de agua, el golpe de la noche y todo el Xueves como un latido.

Con la noche en mi costado acudí al rumor de la lluvia en tu boca. Al tocar tu timbre abres los ojos de par en par: alas sonrientes, abracadabra de puertas y escaleras.

Con el Xueves en mis manos te subí en la noche, donde eres boca que llueve llueve: relampaguea. Clara noche, redonda en mi cintura. No revelé el intersticio de tus senos a la madrugada. Tus ojos como el refugio que niegas al rojo. Delgada luna tu rostro, en la quietud de tu almohada.




Contigo lo viví en la ciudad, anda en las plazas, sube a las copas de los árboles, canta siempre, escampa en el otoño, matiza las banquetas. De tu mano pasea por calles y avenidas. Me ha abrazado en un pesero y ofrendado un collar de besos en mi cuello. Hace cuerpo con el viento al empujar letreros en los andenes del metro. A veces, es viento que baila la bandera, ceñida al celeste altísimo, mientras el sol pastorea un rebaño de nubes. Está en el atardecer, es el arrullo del oleaje del tránsito citadino. En ocasiones es un grito de emergencia en la hora más alta y temprana: reclama un cuchillo de noche. Me aguarda disfrazado de día laboral en la ventana de mi pecho que doy a la nostalgia y no abro, se me vaya a ir el alma y se me deshaga
en el beso de tu ausencia
hoy
presente.





ostraneine:

Van a dar las once. Mi tiempo te extraña, yo cuento destellos. ¿Llamarás? Ya no te busco en los andenes del metro o si La Ciudad enfurece y se le antoja tumbarlo todo. En el anonimato del tren, una pareja ríe y se toman de la boca mientras sus manos besan.

Ninguna llamada anuncia las once y cuarto. Pongo atención a mi teléfono al salir del andén. Llevo mi antebrazo a la cintura, compruebo su silencio. Yo vibrando.

El mediodía habita en las calles plenas de truenos que revientan en flores amarillas y mis manos. ¿Cuántas veces te querré doler en el dolor de este duelo?, ¿a quién le intento probar qué?, ¿mi valentía?, ¿el tamaño del papel ya sin ti?

Pasan de las doce y no llamas, ¿te buscaré? No necesito marcar número para comprobar que mi buzón, antes de voz, gime en silencio. En pausas alargadas entre una estación del metro, el azul infinito de junio en celo y las ensordecedoras flores del trueno.

El convoy arriba a la estación, abre y cierra. Tanta distancia. El metro, mi corazón: hora que no llega.

martes, 18 de agosto de 2009

Citlalli

Chelsea Quinn Yarbro en su libro “Mensajes de Michael” expone la idea de que las Almas tienden a reunirse de acuerdo a la clasificación que hace de ellas.

Cuando yo estaba trabajando en mi ciudad Natal tuve como colaboradora a una mujer responsable, comprometida y leal. Se llama Citlalli y estas son fotos recientes de ella.


Es una habilidosa conductora como se puede ver.


Está casada y tiene a dos hijos que la han hecho graduarse como Madre de familia y además como médico general y psicóloga de niños pequeños.


Este es un fragmento de una foto del día de su boda a la que tuve gusto de ser invitado y en asistir:


Del tiempo que trabajamos juntos recuerdo que yo estaba recién llegado de trabajar en la Iniciativa Privada. Acostumbrado a hablarle a casi todo mundo de “tú”, y pedir que se refirieran a mí de igual forma, traté de hacer lo mismo con Citlalli. Para mi sorpresa ella se negó, me corrigió y pude aprender. Por ser mi secretaria ella se referiría a mí como “Ingeniero”. Años después, bromeando con una amiga mía muy querida, usé el término “Ingeñero Pendejo” de un cuento de Heraclio Zepeda. Era mi gana de desmitificarme.

Citialli tiene un corazón enorme. Fue un gusto y un privilegio trabajar con ella en aquella oficina de gobierno federal. La honestidad, la integridad, la rectitud existen. Y Citialli es prueba viviente de ello.

Citialli es jefe de un grupo Scout del centro del país. Aquí con sus niñas y niños. Ajenos y propios.


Es —también— una de las mujeres importantes de mi vida. Aprehendí de ella que hay veces que a mí me resulta difícil negarme. Me reconozco, lo menos, como una paradoja: soy obstinado y tengo esta bondad mecánica.

Terminando la idea inicial de Quinn Yarbro me parece una idea muy hermosa que las Almas se reúnan para ayudar o colaborar con Misiones muy especiales. Tanta Sabiduría y Bondad me conmueven.

Claro que parte de mi Vanidad Positiva se siente bien…

lunes, 17 de agosto de 2009

MINerva

En el libro “Gestalt para principiantes” Sergio Sinay y Pablo Blasberg escriben: “… Para empezar, usamos una palabra de origen alemán. El vocablo apareció por primera vez en 1523 en una traducción de la Biblia. Partía de un participio pasado (yor Augen gstelt) y, aproximadamente, significaba: ‘puesto delante de los ojos, expuesto a las miradas’. Hoy muchos autores prefieren hablar de Gestaltung: proceso de ‘puesta en forma’ o ‘formación’” Wikipedia afirma: “El término Gestalt proviene del alemán... No tiene una traducción única, aunque se lo entiende generalmente como ‘forma’. Sin embargo, también podría traducirse como ‘figura’, ‘configuración’ e, incluso, ‘estructura’ o ‘creación’".


Mientras estudiaba la carrera de ingeniería en sistemas computacionales —corría el año de 1986— conocí a una chica y nos hicimos novios poco tiempo después. Ella es una de las mujeres más importantes en mi vida: Min.

El primer CD que compré, y que luego conseguimos el autógrafo, fue “Mind Time” del Flautista de Jazz Portorriqueño Dave Valentin. Fue tema de custodia en caso de divorcio.

Recuerdo que alguna vez yo me obstiné muchísimo. Ella me animó a salir de ese ostracismo y me previno: “Si no lo arreglas volverá a pasar con otra persona…”


Recuerdo sus palabras y dónde estábamos cuando me dijo esto. Con todo y la fricción que sentía estaba Presente.

Uno de mis Rasgos es de la obstinación, sin duda. En algunas ocasiones creo que puedo sacar la parte virtuosa de la obstinación. Pero para ello tuve que aceptar, hondamente, que suelo ser muy terco.

Recuerdo que fui invitado a las dos bodas religiosas de sus hermanos mayores. Las únicas que me he vestido de Smoking. No fue muy divertido. El vestirme así. Era un pajarraco falso.

Terminamos nuestro noviazgo y meses después contraje matrimonio por el civil.
Ella se casó y tuvo un par de hermosos retoños: una niña y un niño. Fue una gran empresaria Queretana radicada en Mérida, Yucatán.

Años, añísimos después me separo y divorcio de la mujer con quien contraje nupcias. Vengo a trabajar a la ciudad de México y tengo oportunidad de viajar por el país. En el 2002 voy a Mérida y estando allá busco en el directorio telefónico los datos de mi amiga. Nos reencontramos en “Los Almendros”. Poco tiempo después ella me dice que gracias a que la busqué después de todo ese tiempo ella le encuentra sentido a la relación que tuvimos. Cierto. Sin saberlo habíamos cerrado una Gestalten. En ese momento oficialmente terminamos una relación que habíamos iniciado 14 años antes. Sólo así pudimos iniciar una nueva relación. De mi parte sin ninguna cuenta pendiente.


Sea el presente un homenaje a mi Querida amiga Min. Que las Fricciones por las que está pasando terminen cuando tengan que hacerlo. Que su trascendencia invada a otras personas.


Salut Min!

martes, 4 de agosto de 2009

Claridad

Dos fotografías son prueba fenomenológica de cómo veía, y veo ahora, a Yolanda Mena De la Mora.

Ella es mi amiga Psicoterapeuta Gestalt con especialidad en acompañamiento canino. Tiene cuatro canes con quienes co-facilita procesos terapéuticos.

Dedicada y estudiosa. Entregada. Mantiene su casa y un par de hijos varones mayores de edad. Gusta de bailar. Fuma. Ella es mi amiga.

Una mujer que dejó huella en mi vida.

Cuando sea grande quiero tener la congruencia que ella tiene en su hacer y decir. Gracias Yolanda.