miércoles, 17 de junio de 2009

República Dominicana (Mi)

En verdad.

En verdad está ella conmigo. Toda ella. No es una fantasía erótica. Es tan cierta como el momento posterior en que escribo que la recuerdo.

     Huele rico. A vainilla. Hay un resplandor apenas perceptible en su torso. No sé si es mi deseo que desde que llegó anida en sus pechos o si en verdad se descuelga esa luminosidad de sus senos frutales.

     “Ven” –le digo y se voltea dulcemente. Es una embarcación que sabe que llegó a puerto de abrigo. Se gira y me sonríe. Sé que tengo hambre de ella y no sé qué rumbo tomar. Ningún sueño me asiste —estoy Presente— así que la beso copiosamente. Mientras escucho que con su mano izquierda detiene el primer rayo de la mañana y lo desmenuza: conjura el advenimiento del alba.

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