miércoles, 1 de abril de 2009

Sandía.

Mi amiga del Taller de Poesía. Compañera de letras, tours gastronómicos, musicales y poéticos. Cuando ella conduce su automóvil (con todo y guantes) es porque hay un rumbo, naranjas, paradas intermedias, vino tinto y, más adelante, un destino. Porque sabe a dónde va. Así de grande. Así de grande es. Como su sonrisa. 

¿Cómo no ser sandía cuando ella ríe, cuando critica, cuando llega, cuando corrige, cuando toma fotografías, cuando escancia mi copa de vino tinto, cuando lee, cuando escucha, cuando observa, cuando exige silencio dentro del cine? ¿Cómo no sentirme reconocido, vivo, acompañado, pulsante y despierto? ¡Atrás los pusilánimes que hay que prenderle fuego a más de mil Alhóndigas!

Compañera de vida: de obra. ¡Qué honor, qué suerte, qué privilegio contarla entre mis entrañables!

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