jueves, 5 de marzo de 2009

Vivir sin teléfono móvil.

Estuve un par de semanas sin mi acostumbrado, y otrora adorado, teléfono celular. Un domingo antes de ser asaltado le mencioné a Yolanda mi cuñada que estaba encantadísimo con él. Incluso que era peor no tenerlo que tener dinero.

Shit happens. Y tuve qué ver con ello...

Durante ese tiempo sí me fue incómodo establecer contacto con mis queridas y queridos. Pero también disfruté de una tranquilidad familiar. Nadie me llamaría. Ya antes conocía  ese grado de quietud.

No tengo cómo asegurarlo pero este suceso del asalto me trajo mayores beneficios que ninguna otra experiencia de este año. Fue un regresar a mis orígenes en varios sentidos. Recordé cosas que había deducido antes cuando pasaba gran parte de mis fines de semana con la compañía de silencio.

También me percaté de mi propia vulnerabilidad. Y del modo que elijo depender de la herramienta esta.

También reconocí que puedo confiar en mí. No sólo en situaciones “lindas” sino también en casos de violencia. (Me llené de horror al ver imágenes de ejecuciones en España. Me impactaron imágenes de una corrida de toros. Creo que alcancé a despertar por momentos muy breves.)

También me sentí querido y cuidado por las y los míos.

Estoy contento de todo ello.

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