jueves, 26 de febrero de 2009

Mi hijo. Mi nieto.

Al recordar a mi hijo Sergio Alejandro me dirijo hacia el asunto del ciclo de vida de nuestro sol.
Sergio tenía como cinco años. Para mí no quedaba claro que a esa edad ni las niñas ni los niños tienen noción del tiempo. Menos de millones de años. Tal noción ¿la tenemos las personas adultas? El asunto es que Sergio tuvo dificultad para dormir.

Para un cumpleaños de él su madre y yo preparamos un pastel que compartió en su escuela primaria. Yo andaba con la onda de astronomía, Carl Sagan y Cosmos y lo decoramos con la constelación de Orión.
Su maestro de geografía no logró identificar tal fenómeno. Sin embargo es común en los cielos invernales. Sobre todo porque el cinturón de Orión está compuesto de tres estrellas que se les suele conocer como “Los Tres Santos Reyes Magos”. Ok.

Esta es otra imagen de la Constelación de Orión El Cazador según la mitología Griega.
Así que en cielos de invierno cuando volteo mi mirada y veo esta constelación me acuerdo de mi hijo. Que me hizo abuelo de un niño precioso. Recuerdo que la primera vez que lo vi me sorprendí de hasta dónde he llegado.

Me encanta en esa foto. ¡Comiendo! La siguiente foto sucede después de que le quitan el jugo maravilloso de naranja que estaba disfrutando. Como si las madres y los padres supiéramos qué es mejor para los hijos.
Este es mi hijo con su hijo, mi nieto. Vean el peinado. Me cae que si tuviera pelo me peinaba yo así.
Aquí está mi nieto y su mamá. Vean qué ternura de mirada. ¡Los cachetes!
Una foto de hijo y padre.
Soy un hombre afortunado de ser padre. Quiero muchísimo a mi hijo y a mi nieto.


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