jueves, 26 de febrero de 2009

Antonio

Hay hombres sin los que mi vida no estaría completa. No como ahora. Él es mi amigo poeta Antonio Araujo. Mi hermano.
Fiel a su naturaleza es un hombre inteligente, brillante y rápido. Tiene una mente escrupulosa. Los textos que lleva al taller de poesía Letras Rústicas tienen el sello de quien le apasiona —enormemente— escribir y seguir las reglas para hacerlo correctamente.
Pienso en lo que escribí arriba: “Sin Antonio mi vida no estaría completa” y lo ratifico. Así como es él considero que es perfecto. Nada me molesta de él. A su lado también crezco. Antonio escribe, escucha y aporta. Es un hombre-poeta que empuja. Y no teme afirmar que le encanta comer productos de Kentucky Fried Chicken así como cuestionar a The Betales y lanzar un güevos a quien lo juzgue y no le parezca.

Antonio es de los amigos que hay que tener antes de morir. Sin duda.

Ceci n'est pas Marconio

Contador público de cuentos. Un gran hombre. Poeta de Oaxaqueño corazón. Músico y compositor.
 
Este hombre y yo cofundamos un Taller de Poesía que desde el dos de octubre del 2002, no se olvida, da frutos poéticos.
 
A este hombre lo quiero mucho. Gracias a él descubrí la Huasteca en un viaje maravilloso, todo un tour culinario, poético y musical por los estados de Hidalgo, San Luis Potosí, Tamaulipas y Veracruz-Llave. Gracias a él sé que hay sótanos a los cuales es necesario subir para llegar. Gracias a él descubrí que las enchiladas verdes también son una forma de abrir la conciencia. Gracias a él descubrí que los cañaverales potosinos crecen en las noches de luciérnagas y luna llena. Gracias a él probé unas acamayas en chilpachole el último día de cualquier año. Gracias a él supe que hay escaleras que no van a ningún lado. Gracias a él supe que el atole de naranja de noche sabe tan bueno como el atole de tamarindo en la mañana. Es un privilegio compartir con él el gusto de la comida y la poesía.
Es un honor compartir con él el gusto de la comida y la poesía.

Mi vida es lo que es gracias a él. Embajador y Fundador de la Asociación Civil Poetas de Buena Voluntad Poética y Culinaria sin lucro poético.

Y es bueno que sea así mi vida. Así de completa. Así de musical. Así de plena de poesía y flores. Gracias Marconio. No te mueras nunca.

Mi hijo. Mi nieto.

Al recordar a mi hijo Sergio Alejandro me dirijo hacia el asunto del ciclo de vida de nuestro sol.
Sergio tenía como cinco años. Para mí no quedaba claro que a esa edad ni las niñas ni los niños tienen noción del tiempo. Menos de millones de años. Tal noción ¿la tenemos las personas adultas? El asunto es que Sergio tuvo dificultad para dormir.

Para un cumpleaños de él su madre y yo preparamos un pastel que compartió en su escuela primaria. Yo andaba con la onda de astronomía, Carl Sagan y Cosmos y lo decoramos con la constelación de Orión.
Su maestro de geografía no logró identificar tal fenómeno. Sin embargo es común en los cielos invernales. Sobre todo porque el cinturón de Orión está compuesto de tres estrellas que se les suele conocer como “Los Tres Santos Reyes Magos”. Ok.

Esta es otra imagen de la Constelación de Orión El Cazador según la mitología Griega.
Así que en cielos de invierno cuando volteo mi mirada y veo esta constelación me acuerdo de mi hijo. Que me hizo abuelo de un niño precioso. Recuerdo que la primera vez que lo vi me sorprendí de hasta dónde he llegado.

Me encanta en esa foto. ¡Comiendo! La siguiente foto sucede después de que le quitan el jugo maravilloso de naranja que estaba disfrutando. Como si las madres y los padres supiéramos qué es mejor para los hijos.
Este es mi hijo con su hijo, mi nieto. Vean el peinado. Me cae que si tuviera pelo me peinaba yo así.
Aquí está mi nieto y su mamá. Vean qué ternura de mirada. ¡Los cachetes!
Una foto de hijo y padre.
Soy un hombre afortunado de ser padre. Quiero muchísimo a mi hijo y a mi nieto.


jueves, 19 de febrero de 2009

Asalto (Ya soy chilango).

El martes 17 de febrero fui asaltado. A una cuadra de mi casa. Regresaba de hacer compras. Traía mi manos libres.

Alguien me sujetó de mi cuello fuertemente. Tenía un sweater color marfil. Grueso y suave. El sweater. Pensé ¿alguno de mis amigos de secundaria me reconoció? Recuerdo haber sido sometido. Me arrancaron mis audífonos y mi teléfono. Eran dos tipos. El segundo me insultó y amenazó con un cuchillo. Le di mi cartera.

Me sentí en cámara lenta. Suspendí mi línea celular. Cancelé mis tarjetas. Tuve dificultad en dormir. Estaba dolido en mi cuello.

Al otro día me sentí desorientado y desganado. Lastimado. Fui con un traumatólogo y tomé un desinflamante muscular y analgésico. Me di un masajito chido en mi vapor y comí poco. La tarde y noche fue un dormir largo. Muy largo.

Hoy estoy de mejor ánimo que ayer.

Definitivamente es mala idea andar por la calle con un manos libres. Máxime si este ataque que viví es producto de la situación económica.

Cuídate. Cuí-da-te. Esta palabra la vivo de modo diferente hoy.

martes, 17 de febrero de 2009

En la estación de la avispa.

Se despidió de ella en la estación de la avispa. La picó con un beso. Un beso cómplice, un beso público, un beso para que le durara todo el fin de semana.

Habían despertado abrazados. El juró que ella había conjurado la noche y por ello demoró el día en llegar. Pero el tiempo de los amantes es esencialmente injusto. Y el día hizo su presencia en el canto de unas aves todas nuevas, como aquel día, como ésas manos hijas de la presencia tibia que a su lado se removía.

Concientemente o inconscientemente –¿qué más da?-, ella olvidó en su cama un recuerdo de la breve intimidad que cubrió su sexo. Prenda atesorada. Oxígeno respirable.

¿Cómo? ¿sobreviviría? ¿el fin de semana? El espectáculo, sí, el show de nieve y payasos alternativos, teléfonos del tamaño de una sandía, camas con sábanas bailando como velas. El espectáculo sí, pero whatever –se dijo a sí mismo- todo la nombra, todo confluye en un recuerdo más grande que lo que le rodea y lo conduce a ella…

miércoles, 4 de febrero de 2009

El mismísimo chamuco...

Niñas y niños. Véanlo bien. Si se les aparece en la calle corran. Tal vez busque chamba luego que Heat Ledger se peló, como Pedro Infante, sin decir agua vá.



Este wey tuvo la puntada de afirmar la posibilidad de que seis millones de judíos murieran a manos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, y estimó que a lo sumo hubo "entre 200.000 y 300.000 muertos en campos de concentración, pero ninguno en cámaras de gas". Según lo pueden leer aquí.

Los comentarios de las y los lectores están chidos merecen la pena leerlos.

Nunca creí que extrañaría a Juan pablo II. Él era mejor político que el Papa en turno.