miércoles, 21 de enero de 2009

Mazatlán

Lentamente la noche y ella se aproximan al puerto donde soy un emergente de agua salada y piel de sol. Es la última oleada del invierno en el Pacífico. Ocasión para ser más gaviota o para hundirme en la arena.

La dimensión de la cita que fue es el volumen de esta narrativa. Párrafo que sube escaleras, llega y descansa en un sofá. Luego en mi cama. Ella tiene ojos de mundo, ha visto muchas cosas. Sus primeras miradas no me las dedica mientras busco su calidez. Mientras busco, sus ojos, ausentes, se esconden… luego estallan en risas.

Tomamos un taxi de esos que coloquialmente llaman "Pulmonía". Una verdadera enfermedad sobre ruedas. Nosotros abordo dibujando un arco en el larguísimo malecón donde hay dos faros: uno, el marino, que guiña a los navíos de costa y mar; otro que la vio nacer desde el pacífico horizonte y le dio los pies de sal que la llevan por el mundo. Pies que sus sandalias lastiman. Ésos que acaricié con mis manos que ahora escriben.

Domingo de noche en La Plaza Machado. Naranja y cerveza. Ajo y aceite en la carne suave y blanca. Música local. Aliento energético. Banda serpentina.

Entre su mirada y la muchedumbre ando. Entre su brazo y su mirada vamos. Testigo quieto y patrimonio el Teatro Ángela Peralta. Luego un callejón suave que ilumina la que fue su casa paterna.

Nueva enfermedad sobre ruedas.
                                                  “Esta vez tomo un lugar a tu lado. Tengo frío y comienzo a besar tu hombro en dirección a tu cuello. Soy una novela y en esta noche de cercanía me vivo. Tu abrazo redondo me envuelve despacito. Eres calidez costeña en mi espalda que convertiste en bitácora de navegación de la flota cerquera de tus dedos. Pausas la noche entre tus brazos, entre una respiración y otra: entre una ceja y otra. Y la noche no pasa. Y el mar incesante latido oscuro percute en mi pecho como en mi vida. Salpicas la costa de mi cuerpo con la espuma de tu risa. Rompes y te retiras para estallar una y otra vez. Después de tanto oleaje a favor y en contra ningún cuerpo como tu playa, ningún oleaje como tus pechos. Te bautizaron solitaria pero llena de gracia”.

20050314

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