miércoles, 7 de enero de 2009

La Virgencita

Alabada seas Virgencita. Aquí estoy a tus pies. Fielmente. Soy uno de los hombres que se te acercan suplicantes. Vengo a pedirte algo. Cierto. Pero desde aquí abajo no lo solicitaré; mis ganas no son tan elevadas. Baja primero de tu altar: no te tengo miedo. Sí. Así. Siéntate cerca. Te adoro por cuidarme con tus ojos color aceituna. En ti me encuentro como sumergiéndome en un estanque descubriendo que eres agua y yo estoy, afuera, a punto de pedirte un favor. De favor Virgencita: ¿me concederás lo que pida…? A mi lado eres cándida y próxima no como en tu altar, cuando alzaba mi rostro. ¿Puedo tomar tu mano…? Gracias. Qué cálida es. Permite la bese respetuosamente. Eres la más pura de todas las vírgenes y yo un afortunado hombre común. ¿Sientes frío…? Permíteme cobijar tus manos palomas entre las mías. Te miro estático. Hueles a mujer recién húmeda, ¿eres tú o tu manto bordado de estrellas cortadas al alba…? Respiro placidez, ya no recuerdo a qué vine. Cierro mis ojos. Pero no. No te vayas. No aún. No me separes de tu lado. Reposa un instante más. ¿Me consientes en la gracia de tu regazo…? Cerca de tu bendito vientre tus pechos no son un pecado: eres mi razón para creer en la tierra prometida. Estoy embelesado en tu Sagrada quietud fascinado en tu aureola milagrosa y virgen. Concédeme anuencia suficiente para besarte; al final moriré en calma y tú rogarás por mí. Quiero quemarme luego de beber tu leche tibia y santa. Deseo derivar hacia tu sexo divino y fallecer al fin mi Virgencita. Así. Pégate a mí. Abre. También tu boca. Eres la más puta de todas las vírgenes y yo un amante tierno, gozoso entre tus muslos juguetones y el manto celeste. ¿Recuerdas…? Sigues siendo agua… sólo que ahora río… cuando te observo extático. Asciéndeme para bendecir este mundo de pecadores. Continúa cantando tu salmo subibaja. Eres la más pura de todas las putas. Te quiero. Jamás perdones nuestros pecados. No te dejaré ir de mi lado ahora que te conozco. Ni por misericordia a los desgraciados, ni cuando subas al altar vestida de concupiscencia. El cielo no tiene sentido sin la redondez de tus nalgas de nube. Eres la más pura virgen puta. Yo soy un hombre que camina por la calle, entre el tránsito de un mundo que no sabe amar. Y tiembla.

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