miércoles, 21 de enero de 2009

Biopsia transrectal

Cuando estudié la Especialidad de Sexualidad Humana con enfoque Gestalt aprendí mucho sobre sexualidad. Para iniciar con el pie derecho fui con un urólogo a fin de que me diagnosticara de todo lo relacionado con mi próstata. Al cumplir cuarenta me revisé y no hubo novedad. Así que ya entrado en estudio decido practicar la congruencia.

Voy primeramente con el Dr. Jorge Jaspeasen Gastelum que atiende en el rumbo de la colonia Roma Norte. Me hace el tacto prostático sin notar nada en especial. Para confirmar me pide un análisis sanguíneo específico (el del antígeno prostático). Resulta que estoy fuera de rango y me cambia medicamentos en varias ocasiones. Al no tener éxito me pide me haga una biopsia transrectal. Me recomienda un sitio llamado “Unidad de Radiodiagnóstico” en la Calzada México-Coyoacán, Colonia General Anaya, Delegación Benito Juárez, CP. 03340, México D.F.

Recuerdo que yo le comentaba a un amigo mío, un año mayor que yo, que eso era un signo de mi propio envejecimiento. Era la primera vez en mi vida que iba a hacerme un estudio tan especializado. No tenía miedo. El Dr. Jaspeasen me explicó cómo se toma una biopsia y decidí confiar en la tecnología.

Me acompañó mi hermano mayor. Era requisito según me lo dijeron al programar mi cita. Recuerdo que nunca verificaron que fuera acompañado. Primero tuve que tomar un litro y medio de agua para que tomaran un sonograma y comprobar mi capacidad retentiva de orina. Después fue la toma de la biopsia en sí. La enfermera me preguntó que si sabía lo que era una biopsia. Recuerdo que le dije: “Sí sé lo que es. Se trata de extraer una muestra de mi tejido” Ella no me escuchó y me dijo que “Eran unos piquetes” “¡Puta madre!” —pensé— “¿piquetes? Ahora sí me lleva la chingada”. Yo tengo una historia de terror a todo instrumento punzo cortante. Jamás me han intervenido quirúrgicamente de nada y ahora: “¿Me van a dar piquetes por el culo?” La palabra no me atraía en lo absoluto.

Luego llega el titular del estudio el Dr. Jesús Soto Pérez quien me repite la pregunta de si sabía yo qué era una biopsia. Y a igual respuesta mía copiada de la anterior él afirma: “Serán ocho piquetes”. Mierda. Ahora sí me cagaba de miedo. Semi desnudo yo. Con una batita de mierda de ésas desechables, acostado y a punto de sentir unos pinches piquetes. Quise huir. Pero ya estaba allí. Estaba allí y en una posición completamente vulnerable.

El primer “piquete” fue sumamente molesto. Dolor no hubo, molestia sí y mucha. Yo iba contando y recontando el sonido que hace el aparato a cada extracción de material prostático. El Dr. Jesús Soto Pérez me iba avisando y yo me preparaba de algún modo. “Va el segundo…” así hasta el séptimo. Pero la octava muestra no la avisó y esa si fue dolorosa. Dolorosa y humillante. Quienes bromean diciendo que el peligro subyacente de estos exámenes es que “a los gays les gusta” no saben lo que dicen. Bola de pendejos.

Ese fin de semana lo pasé en reposo. Un día después me dieron ganas de masturbarme y me asusté cuando descubrí que mi semen tenía sangre. Busqué al dichoso Dr. Jaspeasen en su jodido nextel y nunca me contestó. El lunes que lo busqué me dijo “Es normal”, “¿Normal? —pensé— “Y ¿cómo es que nunca me avisó? Usted es el pinche experto. Para eso le pago”. También del Laboratorio de Radiología me dijo el Dr. Jesús Soto Pérez que me llamarían para darme seguimiento. Pinches mentirosos, ojetes y culeros. Mejor que no hubieran ofrecido nada y todo bien. Jamás se comunicaron conmigo. Nunca vieron en mí un ser humano.

Para acabarla de joder como no disminuyó mi antígeno prostático el Dr. Jaspeasen me amenazó con indicarme una nueva biopsia transrectal. “Ni madres. Este güey está errado.” —me dije— “Voy a buscar a otro Doctor”. Y lo encontré. Es el Dr. Jorge Moreno Aranda de la Torre de Especialidades del Ángeles del Pedregal. El teléfono de su consultorio es 5568-7851. A quien recomiendo ampliamente. El Dr. Jorge Moreno Aranda me dio el tratamiento certero y no me solicitó otro estudio. Me indicó que pidiera las laminillas de mi biopsia y las llevara con un patólogo experto. Supo aprovechar los resultados del estudio. Desde luego que sus honorarios son más elevados que otro urólogo pero comprobé personalmente que es mil veces mejor no andar dando vueltas cuando es un estudio que tiene que ver directamente con algo que sólo los hombres tenemos: nuestra próstata.

El tratamiento que me indicó fue para quitar una calcificación en mi próstata que era lo que generaba el antígeno prostático alto. Recuerdo que los primeros días del tratamiento —eran unas pasillas— me sentí muy triste. Y eso fue todo.

Al terminar de tomar las pastillas me di cuenta que iba menos a orinar por las noches. Comencé a dormir mejor. Mucho mejor. Me alegra poder buscar y encontrar doctores que me ayudan efectivamente en mi cuidado de salud. Confirmo una vez más que yo soy el responsable de mi propia salud. Nadie más.

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