viernes, 13 de junio de 2008

¿Qué es ser mujer?

Hoja en blanco. Madrugada. Ojos que se abren y ven muchos otros abrirse; cerrarse también. Ímpetu y diligencia. Oportunidad de componer al universo y crear otro mayor. Amanecer. Tutora, consejera, guía, facilitadora, mentora, maestra: madre. Infancia. Destino. Puerto de abrigo, arribo, arraigo. Razón de las elegidas y los elegidos. Tierra prometida. Musa que mueve. Falda que baila. Bandera de cielo. Miríadas de manos. Atesora conocimientos arcanos que no se han escrito aún. Virgen y bruja. Penélope y Lilith. Minerva Atenea y Marcela Pastora. Más bella que el sol. Sólo su pecho guarda el enigma del plenilunio por duplicado. Líder. Heroína. Árbol al mediodía para la libertad. Cautiva y generosa a veces sangra. La culpa la asecha pero si pausa su camino y voltea, con su mirada la convierte en un montón de ceniza. Hierve tranquila. Destejedora y sueña. Hermana esquiva. Saeta de pies ligeros. Devota y perenne; sexual: sus nalgas redondas son el logos del mundo. El mar le escribe en la playa. Su cuerpo continuamente rinde frutos: una flor de luna, un hechizo sonoro, una afrenta antigua, un rotundo no, una sonrisa de piña. Atardecer. Su nombre es un puente colgante que vuela y detiene: Remedios, Soledad, Amparo, Consuelo, Lidia, Auxilio, Socorro. Juana de todos los arcos y Rosa de los vientos. Canción y poema. Corazón que arde y separa el veneno del pan. Multiplica bendiciones. No necesita sotana para ser diosa, deidad o nube, porque es lluvia que no escampa. Dadora de vida —ahíta— cuestiona también la propia; crea e interrumpe. Elige siempre y decide bien: María Sótano de golondrinas: ombligo de alas y aleaje. Precipicio y balcón. Beso precipitado. En su cabeza hay una llamarada, con ella ilumina la caverna de nuestra conciencia. Las abuelas son una caricia tardía. Anochecer.

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