martes, 17 de junio de 2008

La fragilidad masculina.

A pesar de que vivimos hombres y mujeres en una sociedad que se caracteriza por sus rasgos paternalistas, machistas, falocráticos y sexistas, es alto el precio que se paga por ser “hombre” en el sentido “tradicional” de la palabra.

Aún desde antes de nacer la enorme mayoría de los padres y madres esperan tener un primogénito. Un varoncito. El cuerpo del varón es distinto al de la mujer y esto condiciona también su actitud y vivencia frente al mundo (Sanz).

Nuestra sociedad patriarcal occidental interpreta y valora las diferencias naturales (corporales externas e internas) de manera sexista privilegiando el cuerpo del varón y otorgando simbólicamente a sus genitales un poder social. Así se inicia un proceso de socialización que va invistiendo al varón de lo que se considera “masculinidad”. O sea el conjunto de valores, actitudes y comportamientos (grupales e individuales), distintos de los “femeninos”.

Escrito de otro modo, esta superioridad con la que se le educa, ocurre por el sencillo hecho de haber nacido con un pene y no con una vagina; y ocupa diversos ámbitos de su vida incluyendo por supuesto la sexual.

La simbolización del poder masculino a través de sus genitales estructura también gran parte de la autoestima del hombre. El “qué bien armado está este niño” que frecuentemente se comenta como halago ante un recién nacido, recoge este valor y va desarrollando fantásticamente a lo largo de la vida la estima masculina en torno a su “arma” grande y potente (Sanz).

Desde allí la sexualidad del varón es genital a diferencia de la sexualidad de la mujer que es global pero esa es otra historia.

El encuentro con otros varones es vivido desde una posición de iguales que están en competición. De ahí que el tamaño o potencia de los genitales sean vividos subjetivamente como factor de éxito (Sanz).

En nuestra sociedad, se inscribe la competencia como un valor netamente masculino, entre otros. Los hombres continuamente están en competencia con otros hombres. En todos los terrenos. “Juan tiene más viejas que tú” es una expresión común entre hombres. La competencia y superioridad es de carácter fálica, y en ciertos casos el falo es una expresión metafórica. –“Mi auto tiene 8 cilindros y el tuyo apenas llega a los 4”, – “Mi iPod es de 60 gigas” son expresiones que denotan superioridad y competencia.

Los hombres viven bajo una tensión cotidiana: demostrar que lo son. En cambio las mujeres no ponen en duda su feminidad. De ahí deviene que un insulto grave para un hombre sea precisamente cuestionar su masculinidad.

El hombre evita a toda costa “parecer marica”, “afeminado” o “joto”. Expresiones como “Soltero y maduro puto seguro” dan cuenta de ello. El hombre nunca “echará reversa” –no se lo permite a sí mismo-. El hombre deberá de serlo y demostrarlo aún a pesar de sí mismo.

El hombre para serlo tiene que cumplir con las tres “efes”: debe ser feo, fuerte y formal. Medias tintas no pertenecen a la hegemonía masculina. Tanta exigencia que el hombre carga –consciente o inconscientemente- pesa, le pesa, cuesta, le cuesta. Cuesta trabajo ser hombre.

La identidad masculina nace de la renuncia a lo femenino, no de la afirmación directa de lo masculino, lo cual deja a la identidad de género masculina tenue y frágil (Kimmel).

La masculinidad requiere de tres imperativos básicos que provocan una profunda ansiedad en el varón: fecundar, proveer y proteger, los cuales requieren, a su vez, de tres formas de comportamiento: competencia social, autonomía y actuación pública. Para alcanzar su estado ideal, el varón tiene que separarse del mundo de las mujeres y delimitar su propia actuación al separarse de su madre y de su esposa. Por eso son tan importantes las instituciones sociales encargadas de retirar a los niños y los jóvenes del mundo femenino (Gilmore).

Entonces el hombre reduce su sexualidad a sus genitales, mismos que no ocupan más del tres o cinco por ciento de su piel. Descuida así el órgano sexual más grande que tiene el género humano: la piel. Siempre vive preguntándose si el tamaño de su pene es “normal”. Casi obsesivamente examinará una y otra vez si el tamaño de su miembro es lo suficientemente grande para hacer a su pareja gozar. Como si el gozo de su pareja dependiera exclusivamente de él.

No hay que perder de vista la enorme carga que el hombre lleva sobre sí. Curiosamente esta carga afecta al pene a su “arma” supuestamente grande y potente.

Aquí está un círculo vicioso: el hombre tiene que ser hombre, ser fuerte, fecundador, proveedor, protector. Tiene que demostrarle a otros —y a sí mismo— que tiene un pene potente y fuerte. Y en terreno para demostrarlo es el de las relaciones sexuales. Pero tanta carga impide la erección o propicia una eyaculación veloz. Por lo tanto su vida sexual tiembla. El hombre tiembla pero no lo puede aceptar. Desde pequeño aprendió a no demostrar debilidad. ”Sólo las viejas se rajan” — se dice y así perpetúa su círculo vicioso su propia enredadera nociva.

Los problemas de Disfunción Eréctil tienen un fuerte componente Psicológico si no hay condiciones orgánicas (diabetes) o medicamentos que influyan en el sistema nervioso central. Los problemas de Eyaculación Precoz tienen un componente Psicológico en el 90% de los casos.

Las buenas noticias de estos problemas que afectan hondamente la frágil autoestima del varón, es que al tener un componente psicológico, una psicoterapia reeducativa —como la Gestáltica— podrá ser de gran ayuda. Parto de que mal que mal, hombres y mujeres hemos aprendido a disfrutar de nuestra vida sexual, la cual está influenciada por la educación que recibimos así como por las actitudes y mensajes que aprendimos en nuestras familias de origen –entre otros factores-. Y parto de que siempre podemos aprender.

Así, cuando la duda se instala en el miembro fálico o sus alrededores, acaba afectando a toda la persona (Mimoun).

Lo anterior gracias a una educación sexista inadecuada. Mientras estemos vivos, mujeres y hombres podemos modificar o terminar aquello que nos estorba. Mientras estemos vivos podremos des-aprender, re-aprender. Buena noticia.


Bibliografía
  • GILMORE, David. “Hacerse hombre. Concepciones culturales de la masculinidad”. Editorial Paidós.
  • MIMOUN, Sylvain y ÉTIENNE Rica. “Sexo y sentimientos. Versión hombre”, Editorial De Vecci.
  • KAPLAN, Helen. “La eyaculación precoz. Cómo reconocerla, tratarla y superarla”, Editorial DeBolsillo.
  • KIMMEL, Michael. “Masculinity as homophobia. Fear, Shame and Silence in the Construction of Gender Identity”. Thousand Oaks Sagan Publications
  • SANZ, Fina: “Psicoerotismo femenino y masculino. Para unas relaciones placenteras, autónomas y justas”, Editorial Kairós.

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