viernes, 26 de diciembre de 2008

Hoy hace 80 años...

En esta foto aparece la abuela de mi padre, Manuela Flores. Acompañada de mi tía Bertha. Su hermana.

Este es el reverso de la fotografía. Dice: "Mi querida hermana como prueva (sic.) conservalo (sic.) por si me muero y no me vuelves a ver (sic.) Ti hermana Manuela Flores Gto (sic.) 26 de Dic (sic.) de 1,928".


Este es el calendario de ese año. ¿Cuándo se tomó la foto si la anotación del fotógrafo, según yo, dice que se entregue el lunes 31?; ¿de qué mes? De lo que estoy seguro es de que hace 80 años mi bisabuela le dedicó a su hermana esa foto.

martes, 23 de diciembre de 2008

Abuso

Me caga que peronas -hombres o mujeres- se sirvan de su puesto, posición o status social para hacer cosas que no contribuyen a la paz. Me caga más que lo hagan ¿justamente? quienes se tienen como paladines de la paz. La moral.. ¡Ah! y las buenas costumbres.

Me refiero al Papa Benedicto XVI. Esta vez arremete contra la comunidad gay. ¿Será que se siente solito y que la crisis ha tomado el primer lugar en la preocupación global?

Del servicio de noticias de la BBC tomo como referencia periodísitica los siguinentes artículos: "Pope attacks blurring of gender" y "What does the Bible actually say about being gay?". Lo que el señor de cabello gris ignora es que sus discursos fomentan la violencia de género. ¿Será capaz de empatizar con víctimas gay? como el caso esta mujer: "Lesbian's brutal gang rape investigated in California"

viernes, 19 de diciembre de 2008

Película: "Entre la vida y la muerte" (Appaloosa)

Lo que me encantó de Appaloosa “Entre la vida y la muerte” fue que este Western de dos hombres —que tratan juntos de recuperar un pequeño pueblo a base de su pericia en manejo de armas— muestren sus sentimientos.


Leí en el Ney York Times (NYT) que ambos se llevan con la familiaridad y conocimiento de una pareja con muchos años de matrimonio. No hay que desechar esta idea en este momento. Es cierto. Tampoco desmerece este file con esta afirmación. En absoluto.


Para empezar se trata de un elenco fuerte. En el papel del protagonista está Ed Harris (“Apollo 13”, “The hours”, “A history of violence”, por mencionar algunas películas). Además él dirige la película y escribe el guión.


Enseguida se encuentra el multifacético Viggo Mortensen (“The Lord of the Rings: The Fellowship of the Ring”, “Alatriste”, “A history of violence”, por mencionar tres filmes donde aparece).

Ambos cuentan con nominación al Oscar. A mi gusto son actores que no tienen -aún- el reconocimiento que merecen.


Uno de temas como hilo conductor de la película es la integridad. Un hombre íntegro, congruente hace y dice lo que siente y piensa. Es un hombre amo de sus propios pensamientos, dichos, sentimientos y acción.


Otro de los temas, no menos importante por cierto, es la amistad. Dos hombres en un medioambiente hostil que se valoran el uno al otro. No me parece descabellada la opinión del NYT.


Por cierto: la amistad basada en la integridad. Y queda demostrada en la respuesta que Virgil le da a Allie (Renee Zellweger) cuando le reclama: “¿Entonces le crees más a Everett que a mí?”.


La integridad es también luchar por algo en lo que se cree. En los valores y creencias que apoyan. En las afirmaciones del modo de vida y trabajo. Y queda demostrada en la acción que emprende Everett antes de tomar su caballo y salir de escena.
Y cae la tarde polvorienta sobre Appaloosa...
Ficha de la película en IMDB.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Even after all this time...

No decía palabras.

En ocasiones me sorprendo de mí mismo. Como cuando elegí el poema “No decía palabras” de Luis Cernuda. Me siento como Marion Cotillard cuando interpreta a Edith Piaf y luego de escuchar la canción “Je ne regrette rien” dice que la describe perfectamente, que es ella, que es su vida.

Regreso a este poema que describe cómo me siento justo después de una leve tristeza precedida por una depresión luego de haber visto “Vicky Cristina Barcelona”.

El poema es:

   Luis Cernuda - No decía palabras

   No decía palabras,
   acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
   porque ignoraba que el deseo es una pregunta
   cuya respuesta no existe,
   una hoja cuya rama no existe,
   un mundo cuyo cielo no existe.

   La angustia se abre paso entre los huesos,
   remonta por las venas
   hasta abrirse en la piel,
   surtidores de sueño
   hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

   Un roce al paso,
   una mirada fugaz entre las sombras,
   bastan para que el cuerpo se abra en dos,
   ávido de recibir en sí mismo
   otro cuerpo que sueñe;
   mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,

   Iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
   aunque sólo sea una esperanza,
   porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.

Así estoy justo ahora: deseoso, envuelto en una pregunta callada, cuidándome de no chocar contra el muro frío de la vergüenza, ahogado en un surtidor de sueño, detenido en una ilusión sin rama ni cielo: sin decir palabras.

¿Qué tanto me conozco?

El principal aspecto de mi personalidad.
    El procurar ser íntegro siempre.

La virtud que deseo en un hombre.
    La integridad.

La virtud que deseo en una mujer.
    La integridad.

Lo que más aprecio de mis amigas y amigos.
    Su integridad.

Mi principal defecto.
    Suelo ser rígido e irreductible en ciertos temas.

Lo que más me gusta hacer.
    Ver cine, escuchar música, leer, cocinar, escuchar.

Mi sueño de felicidad.
    El que estoy viviendo.

¿Cuál sería mi peor desdicha?
    Ser sordo.

¿Qué me gustaría ser?
    Nada o nadie en especial.

Mi color favorito.
    Rojo, naranja, amarillo, azul.

Flor favorita.
    Las gardenias.

Ave favorita.
    El cuervo.

Escritor favorito.
    Últimamente he estado muy “Saramagoso”.

Mi héroe de ficción.
    Jet Li en la película “Héroe” de Ying Xiong.

Mi heroína de ficción.
    Angelina Jolie en la película “Se busca” de Timur Bekmambetov.

Compositor favorito.
    Pat Metheny.

Pintor favorito.
    René Magritte.

Héroe Histórico.
    Miguel Hidalgo y Costilla.

Heroína Histórica.
    Sor Juana Inés de la Cruz.

Lo que más odio.
    El abuso.

El evento militar que más odio.
    Todos los desfiles militares.

El regalo de la naturaleza que me gustaría tener.
    Poder respirar bajo el agua.

¿Cómo quiero morir?
    Rápidamente.

Mi estado mental actual.
    Contento y en Paz.

¿Qué defectos me son más tolerables?
    Mis defectos más tolerables son los que tienen qué ver con mi propio orden.
    Si la persona goza de mi afecto, aunque no lo sepa, le puedo tolerar mucho.

Mi frase favorita.
    “Más vale tarde que más tarde.”
    “Es más fácil señalar al lobo afuera de mí.”

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Fotos de mi familia paterna

Primero vean a mi abuela Manuela... ¡Ya sé a quién le saqué la nariz!


Luego una foto del Abuelo Guerra:







De izquierda a derecha: Alfonso, Armando, Abuelo Guerra y Manuel.

Ahora una foto de los hermanos Guerra:




De izquierda a derecha: Manuel, Guillermo, Carlos, Cristina y Guillermo.

martes, 16 de diciembre de 2008

Mi héroe

En un mundo donde, a mi juicio, hacen falta verdaderos héroes masculinos yo ya tengo uno. Se llama Mountazer al Zaidi, autor del fallido zapatazo a Bush, es un reportero chií de 29 años casi desconocido hasta el domingo salvo por haber sido secuestrado en 2007 durante dos días.


Él es Mountazer al Zaidi justo en el momento de lanzar un zapato a Bush:


Este es el vídeo:








Mayores informes aquí.

viernes, 12 de diciembre de 2008

¿Por qué me separé de los grupos “nudistas” a los que pertenecí poco después de la Instalación de Spencer Tunick en el Zócalo?

En la residencia de Malinalco en el Estado Mexicano de México propiedad del fundador de uno de los grupos (Cuerpos Desinhibidos) se llevaron a cabo varios eventos nudistas donde hubo fotografías de las y los asistentes. También con participación del fundador del otro grupo (Zócalo Desnudos) y diversos integrantes de éste grupo se realizaron eventos en locaciones del Estado Mexicano de Morelos.

El último fin de semana de enero del 2008 estaba planeado llevarse a cabo un evento de desnudo. Yo tenía un nuevo consultante por lo que dije que no iría. Una amiga muy querida mía me dijo que si iba a ir y yo traté de convencerla a que no fuera pero ella ya estaba comprometida de pasar por personas el sábado e ir a Malinalco.

En la noche de del último domingo de enero recibí una llamada de ella. La noté muy precipitada. Me decía que para ella yo -como psicoterapeuta- había hecho falta allá. Que habían pasado cosas “muy gruesas”. Me adelantó que se había abusado de varias mujeres allá. Al menos por una persona. Le dije que nos viéramos en esa misma semana y ella aceptó.

El lunes siguiente en mi oficina recibí una llamada de ella y dado su estado alterado le dije que la quería ver ese mismo día en mi casa. En la noche ella me compartió que una persona del sexo masculino había tratado de que una mujer lo besara mientras daban un paseo. Ella se negó. De regreso esta persona se metió en su cuarto para esperarla del baño y forcejeó con ella. Ella decidió no decir nada. Por la noche estaba planeado un evento de “sensibilización” en el cual este ofensor nuevamente abusó de quienes pudo —obligándolas a tocamientos no autorizados— en las distintas partes del ejercicio. Otra persona también del sexo masculino le quita la ropa interior a otra mujer diferente del primer suceso.

Hago hincapié en que esto que comparto yo no lo viví. Es lo que recuerdo y resumo de lo que me compartió mi amiga.

En esa semana mi amiga y yo hablamos con el fundador de Cuerpos Desinhibidos. Mi intención es que se hiciera responsable de que eso ocurrió en su casa y con su anuencia. Posteriormente mi amiga organizó un grupo de crecimiento exclusivamente para las mujeres de ese evento —la mayoría tienen heridas de abuso sexual o violencia intrafamiliar previo— a fin de “recoger el tiradero” psicológico y emocional. Sólo se reunieron las mujeres. Y no sólo las personas levemente indiciadas abusaron de ellas. Otros varones también lo hicieron.

Particularmente y de modo privado yo le hice énfasis al fundador de Cuerpos Desinhibidos a que se sometiera a tratamiento Psicoterapéutico urgentemente con un sexólogo o sexóloga experimentado. Incluso le dije que ello le proporcionaría un gran crecimiento espiritual. Le envié datos de contactos específicos. Tuve acuse de recibo de parte de él.

En esa semana decido renunciar a la membresía a estos grupos. Estas fueron —y lo siguen siendo esencialmente— mis razones:

1. Tenía en ese entonces una novia con quien estuve comprometido emocional y sexualmente de modo profundo..
2. Mi praxis de cuidado personal incluye no exponerme a donde pueda ser violentado en mi escencia.
3. Me indignó profundamente que se diera un abuso a mujeres por parte de los hombres de Zócalo Desnudos y Cuerpos Desinhibidos.
4. Mi filosofía de respeto no es compatible con el interés velado de contacto sexual indiferenciado del fundador de Cuerpos Desinhibidos.

Yo le tuve gran afecto al fundador de Cuerpos Desinhibidos. Me pareció encantador y culto. Y así como es culto y encantador también es un manipulador experto. Un manipulador reconoce a otro. Yo soy un gran manipulador —desde luego— y procuro hacerme responsable de mis tácticas de conquista y seducción. Repruebo que el fundador de Cuerpos Desinhibidos usando palabras suaves y su desahogo económico intente manipular sutilmente a otras personas sin importar su sexo. Me parece deleznable que se forme un grupo pseudo-artístico cuyo interés velado sea el abusar física y sexualmente de incautas e incautos. Me parece peligroso que haya personas inteligentes sin trabajo personal que en un ambiente propicio saquen sus patologías y abusen de otras, de otros.

Este suceso desafortunado, triste y lamentable me conmocionó muchísimo. Gracias a ello yo mismo he comenzado a reconocer mi parte abusadora. Esa parte mía es fea y es mía. La estoy tratando en mi terapia personal desde inicio de febrero.

Vivimos en una sociedad paternalista, falocrática y machista. Y esto hace daño tanto a mujeres como a los mismos hombres. Desnudarse es algo íntimo y delicado. Desde hacerlo individualmente y luego pasando por pareja. Sin duda es mucho más delicado hacerlo en un grupo. En esos grupos nudistas hubo y hay varias personas sin trabajo ni crecimiento personal: incapaces de ver genuinamente a seres humanos buscan satisfacer sus impulsos sexuales enmascarando actividades presuntamente artísticas. ¿Cómo lo hacen? Engañando y manipulando a quienes creen que son actividades culturales. Dan información a medias o simplemente la ocultan. Estas personas se esconden tras un falso humanismo para acosar sexualmente a hombres y mujeres. A lo que llamo aquí es al autocuidado. El desnudarse no debe tomarse a la ligera jamás.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Alice Miller

Alice Miller (nacida en 1923) es una psicóloga conocida por su trabajo en maltrato infantil y sus efectos en la sociedad así como en la vida de los individuos. Nació en Polonia, pero creció y estudió en Suiza. Obtuvo su doctorado en filosofía, psicología y sociología en 1953 en Basilea. En 1986 Miller fue galardonada con el premio Janusz Korczak por la Liga Antidifamación.

Aquí un artículo que apareción en El País: http://www.elpais.com/articulo/opinion/Maltrato/perversion/elpepiopi/20040606elpepiopi_12/Tes

Acá algunos artículos en español: http://www.screamsfromchildhood.com/articulos_alice_miller.html

Y por último su sitio en inglés: http://www.alice-miller.com

Todas y todos debemos leer a Alice Miller.

jueves, 4 de diciembre de 2008

Lake Tahoe o cómo un director no dice nada

Lake Tahoe (2008)
Dirigida por Fernando Eimbcke
Guión de Fernando Eimbcke y Paula Markovitch





Esta es La Película Mexicana del 2008 sin lugar a dudas. Una película pausada. El ritmo de la película lo da el tema. No puede ser de otro modo. Llena de hermosas fotografías. Los actores se mueven la cámara no salvo en tres ocasiones donde la cámara acompaña al protagonista.




Tanta quietud parecería inútil si no se dice nada. Pero no. Me gusta cómo el director me cuenta TODO lo que me quiere decir. Lo demás vendrá a su tiempo. O bien si la película no le dice nada a otras y otros a mí me fascina cómo no dice nada.


Prueba fehaciente de que no se requiere de un gran elenco ni un presupuesto millonario para hacer una estupenda película. Por algo la apoyó Robert Redford a través de The Sundance Institute.
Ficha de la película en IMDB.

Ocurrió en la Colonia Escandón...


lunes, 1 de diciembre de 2008

Maltrato y perversión

Son muchas las personas que afirman estar horrorizadas por los actos de perversión cometidos por los soldados estadounidenses contra los prisioneros iraquíes. Yo no he oído nunca que se haya producido una reacción semejante en respuesta a los intentos esporádicos de denunciar prácticas similares en las escuelas británicas y estadounidenses. Allí, dichas prácticas se presentan bajo el membrete de "educación". Pero la crueldad es la misma. El mundo parece estar estupefacto porque semejante brutalidad haya asomado la cabeza entre las fuerzas estadounidenses. Después de todo, Estados Unidos se presenta a sí mismo ante la opinión pública internacional como el guardián de la paz mundial.

Hay una explicación para todo esto, pero casi nadie quiere oírla. Definitivamente, ha sido bueno que se haya arrojado luz sobre la situación y que los medios de comunicación hayan desenmascarado esta mentira tal y como es. Básicamente, la historia viene a ser la siguiente: nosotros somos una nación civilizada y amante de la libertad y llevamos la libertad y la independencia al mundo entero. Siguiendo esta consigna, los estadounidenses entraron por la fuerza en Irak, con devastadores resultados, y siguen insistiendo en que están exportando valores culturales. Pero ahora resulta que junto a sus bombas y misiles, los soldados, bien entrenados y elegantemente vestidos, portan un enorme arsenal de rabia acumulada, invisible desde el exterior, invisible para ellos mismos, oculta en lo más profundo, pero inequívocamente peligrosa.

¿De dónde viene esa rabia reprimida, esta necesidad de atormentar, humillar, escarnecer y maltratar a seres humanos indefensos (prisioneros y niños por igual)? ¿De qué se están resarciendo estos soldados aparentemente tan duros? Y ¿dónde han aprendido esta conducta? Primero, cuando eran niños pequeños y se les enseñó obediencia por medio del "correctivo" físico; después, en la escuela, donde fueron el objeto indefenso del sadismo de algunos de sus maestros, y finalmente, en su etapa de reclutas, en la que fueron tratados como basura por sus superiores para que pudieran finalmente adquirir la muy dudosa habilidad de aceptar cualquier cosa que se les imponga y dar la talla de "duros". La sed de venganza no surge de la nada. Tiene una causa claramente identificable. La sed de venganza tiene sus orígenes en la infancia, cuando los niños se ven obligados a padecer en silencio y soportar la crueldad que se les inflige en nombre de la educación. Aprenden cómo atormentar a otros, primero de sus padres y después de sus maestros y superiores. No es nada más que una instrucción sistemática por medio del ejemplo sobre cómo destruir a otros. Y sin embargo hay mucha gente que cree que eso no tiene consecuencias nocivas. Como si un niño fuera un recipiente que se puede vaciar de vez en cuando. Pero el cerebro humano no es un recipiente; las cosas que aprendemos en las primeras etapas de nuestra vida permanecen con nosotros en la edad adulta.

En mi último libro, The Body Never Lies, señalaba que en 22 Estados de esta nación los niños y adolescentes pueden ser golpeados, humillados y, a veces, estar sometidos al más claro sadismo sin que esto tenga ninguna consecuencia legal. Un trato así es equivalente a la auténtica tortura. Pero no se le llama así. Se conoce más bien con el nombre de educación, disciplina, liderazgo. Estas prácticas son activamente respaldadas por la mayoría de las religiones. No hay protestas contra ellas, excepto en algunas páginas de Internet. Pero Internet también está llena de anuncios de látigos y otros artefactos para castigar a los niños pequeños y hacerlos temerosos de Dios, para que Dios los apruebe y les conceda su amor. El escándalo de Irak muestra qué es de esos niños cuando alcanzan la edad adulta. Los soldados pervertidos son el fruto de una educación que inculca activamente la violencia, la vileza y la perversión a los más jóvenes. Los medios de comunicación citan a expertos en psicología que sostienen que la brutalidad mostrada por los soldados es la consecuencia del estrés causado por la guerra. Es cierto que la guerra desa-ta la agresividad latente. Pero para poder desatarla es necesario que esté allí previamente. A las personas que no han estado expuestas desde muy temprana edad a la violencia, bien sea en casa o en la escuela, les resultaría imposible maltratar y escarnecer a prisioneros indefensos. Sencillamente no podrían hacerlo. Sabemos por la historia de la última guerra mundial que muchos soldados fueron capaces de mostrar un rostro humano, incluso en el estrés de la guerra, si se habían criado sin contacto con la violencia. Muchos relatos de la guerra y de las condiciones en los campos de concentración nos dicen que incluso las situaciones más extremas de estrés no convierten necesariamente a los adultos en seres pervertidos.

La perversión tiene una historia larga y oscura, invariablemente enraizada en la infancia del individuo. No es sorprendente que estas historias se oculten generalmente a los ojos de la sociedad. Las personas a las que se enseñó a obedecer infligiéndoles violencia tienen buenas razones para rehuir el recuerdo de los sufrimientos padecidos en la infancia y tomar medidas de precaución para que los hechos suprimidos para siempre no salgan jamás a la luz del día. Muchos prefieren someterse a flagelaciones en clubes sadomasoquistas, de las que afirman disfrutar, en vez de preguntarse a sí mismos por qué se entregan a tales perversiones. En nuestra sociedad sigue predominando el culto al inconsciente. No es cierto que todos llevemos dentro la "bestia", como afirman algunos expertos en psicología. Solamente las personas que han recibido un trato perverso, pero niegan este hecho, buscarán chivos expiatorios sobre los que puedan descargar inconscientemente esta rabia, contando en las entrevistas que lo hicieron "sólo por divertirse" (exactamente lo mismo que podrían haber declarado los "inocentes" padres que los maltrataron). O se destruyen a sí mismos tomando sustancias que alivien su dolor. Los niños, naturalmente, son incapaces de soportar el dolor de verse convertidos en víctimas ni de comprender que se está cometiendo un delito contra ellos. Pero cuando son adultos pueden aprender a identificarse con el niño herido y, al hacerse conscientes, se pueden liberar a sí mismos (y al mundo) de la "bestia" que llevan dentro.

Este artículo apareció en El País.

Alice Miller, filósofa y psicóloga suiza, es autora, entre otros libros, de Por tu propio bien: raíces de la violencia en la educación del niño y El saber proscrito (Tusquets Editores). Traducción de News Clips. © Alice Miller, 2004.

lunes, 24 de noviembre de 2008

“… Así las cosas”

“… Así las cosas”. Terminó de decir con un tono de desahucio la persona que hablaba. La persona que escuchaba se sintió invadida por un cansancio descomunal sobre su espalda. Se quedó con un mal sabor de boca. Había crecido en una familia donde el respeto entre sus integrantes era práctica cotidiana. Se retiró con un mal sabor de boca. Y ahora con un dolor. Un dolor sordo. Como cuando hay algo que se sabe está mal. Muy mal. Se retiró con un mal sabor de boca. Y un dolor.

“Usted no sabe lo que es que una persona, valiéndose del puesto que tiene, quiera propasarse con uno. Quizá pudiera entenderlo ¿lo entiende usted? Lo dudo. Nunca sabrá lo que es vivirlo en carne propia. ¿Tiene usted familia propia? ¿Hijos tal vez? Veo que guarda silencio. Así como le he dicho sucedió. Tal cual. Me llamó a su oficina y ya tenía todo listo. Quería que le chupara su… miembro… su cosa esa fea”. Comenzó a sentir un fuerte dolor de cabeza. No era el calor. Tampoco el tráfico. Era la imagen que se había formado para tratar de entender el suceso narrado apenas hacía unos minutos. Retumbaba su cabeza. Su propio pulso concentrado en el tum-tum como un badajo sonaba y resonaba en su cabeza.

“Así ha sido. En mi lugar de origen era común ver que a las mujeres casadas sus maridos, parejas o ¡qué se yo! les pegaban. Les daban duro. Recuerdo esas pláticas de las mujeres del pueblo. Fue en mi infancia. La cantaleta era la misma entre las mujeres: ¿No te pega tu marido?: señal de que no te quiere. La verdad uno no sabe hasta qué punto ésas escenas se le van metiendo a uno en la cabeza. Como una gota que poco a poco horada hasta la roca más dura. A primera vista parece falso o torcido. Pero es así. Años y años. Viendo golpizas o escuchando hablar de ellas. Son pláticas que se repiten. Como discos rayados. Una y otra vez. Pues mínimo a uno lo hacen dudar, ¿no?”. Mientras seguía recordando buscó una farmacia y entró. Decidió comprar una botella de agua y un analgésico. Le costaba trabajo pensar. A su paso volteaba y veía las personas transitar frente a la farmacia. Le costaba trabajo pensar y admitir que la violencia —esa violencia— estuviera tan enraizada. En su infancia sus padres le prohibieron ver escenas agresivas o violentas en la televisión. Aprendió a distinguir las películas violentas de todas las demás que se exhibían en la cartelera del cine. Si su juicio fallaba inmediatamente abandonaba la sala en silencio. Y se lo contaba a sus padres. A medida que crecía escogía cuidadosamente a sus amistades. Siempre evitó compañías agresivas. Nunca mató una mosca. Se rodeó de gente pacífica y adorable. Fundó su propia organización en la universidad a favor de causas pacifistas.

“Por alguna razón extraña llovían en mi oficina personas con historias semejantes a la mía. A ésta que le acabo de confiar. Atraía confesiones. Porque esto se quedará entre usted y yo ¿no es así? Era una especie de imán. Atraía confesiones. Verdaderamente penosas. Eso era repasar mi herida. Una y otra vez. A veces me llenaba de rabia. Amanecía de mal humor. Todo me parecía repugnante. Estaba llena de rabia. Personas allegadas a mí me ofrecieron ayudarme. Hacer una denuncia y esas cosas. Lo prohibí. Y es que nadie, nadie, nadie sabe de la gran exposición a la que uno se somete cuando abre la boca para hablar de… estas cosas. ¡Me da vergüenza que usted me oiga! Porque no importa el tamaño del dolor en estos asuntos no le creen a uno. Aseguran que uno provoca estos sucesos ¿usted cree? A ver. Dígame la verdad o… al menos su opinión. ¿Cree que uno no tiene nada qué hacer y por ello inventa estas historias? ¿Con qué fin? Mi tiempo libre lo ocupo en otras cosas. ¿Qué cómo me siento? ¿Esto es una broma? ¿Está considerando la gravedad de lo que le digo? ¿Cómo se sentiría usted ante un abuso como este? ¿Me está poniendo atención?…”.

¿Quién paga por los pecados del hombre?


viernes, 7 de noviembre de 2008

…y ¿qué pasa con los hombres? ¿…después de la liberación femenina?


Más que una reseña el presente es una mirada que quiere ser profunda a lo que resuena en mí luego de haber leído el libro. Siendo yo un apasionado de las lecturas relacionadas con sexo y de temas de género leí el libro en dos meses. Parte por mis actividades en ese entonces y otra por permitir que el libro se fuera sedimentando en mí. Como cuando preparo un pastel y sabe mejor al otro día. Algo así.

Regresando al libro voy a citar dos fragmentos iniciales del capítulo siete:

“La acumulación de evidencias introducidas en los capítulos anteriores suena como un juicio fatal para el hombre: la liberación de las mujeres y su obtención de iguales derechos; su nueva determinación de competir y lograr cosas; su conquista de poder e independencia económicos; el aumento acelerado de la población y el agotamiento de los recursos naturales; la contaminación ambiental y la creciente preocupación por las repercusiones a más largo plazo de las iniciativas científicas y tecnológicas; la creciente redundancia del hombre en sus roles tradicionales; la reducción de sus perspectivas en ocupaciones no creativas ni gratificantes… etc. Todos estos factores —y otros no mencionados, como el ocaso de la autoridad patriarcal y paterna— sugieren que el hombre ha sido últimamente avasallado por la marea de los acontecimientos, y que las imprevistas consecuencias de sus empeños del pasado están ahora recayendo, lamentablemente, sobre él.

Por otra parte, todo ello puede significar que el varón ha completado su programa y ahora simplemente está volviéndose obsoleto. Si una especie llega al término de su potencial evolutivo, no hacen falta más mutaciones genéticas y por lo tanto ya no es necesario que existan dos sexos. Al perder los géneros la necesidad de diferenciación polarizada de roles y hacerse cada vez menos distinguibles uno del otro, dejan de ser complementarios y empiezan a competir entre sí por la supervivencia. Y no cabe duda cuál está condenado a perder. En ‘la batalla de los sexos’, el macho ahora está siendo forzado a abandonar el terreno al que se había aferrado durante varios milenios. A medida que pierde su sentido de identidad genérica, ¿existirá alguna forma meritoria y digna en que pueda justificar el seguir existiendo?”


Me doy cuenta de que elijo un par de párrafos poco alentadores. Estimo que es fácil leer en el libro un toque poco alentador. Ello no le quita el que sea revelador y radical. Al leerlo por completo —repasando algunas secciones— y quedarme con ganas de releerlo me quedo con varias inquietudes. Las despliego a continuación sin ningún orden en particular y sin pretender agotarlas.

1. Necesito replantear URGENTEMENTE mis relaciones afectivas y erótico-afectivas con mujeres en general.
2. Estar más consciente y sensible a situaciones de competencia en las que esté involucrado.
3. Me siento anacrónico por haber pensado en casarme con quien fue mi chica Dominicana. Por ello desecho la idea de casarme.
4. Reafirmo mi gana de no tener descendencia. Esta ratificación está íntimamente vinculada con la inquietud anterior.
5. Ratifico la autonomía llena de disfrute individual que he conseguido a mis 44 años.
6. Estoy planteándome seriamente la posibilidad de dormir solo la mayor parte de lo que me queda de vida sólo acompañándome cuando desee tener relaciones sexuales.
7. Investigaré qué tan diferente es una eyaculación provocada por masturbación comparándola con la obtenida producto de una relación sexual. Esta investigación está estrechamente vinculada con mi inquietud anterior.

Invito a leer el presente especialmente a hombres. Mayores datos del mismo aquí. Y que la fuerza nos acompañe… mientras queramos.

Última lectura:

"Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo". Gabriel García Márquez - 100 años de soledad.

viernes, 31 de octubre de 2008

Mi primer Altar de Muertos




Querida muerte

Querida muerte
no me abandones
no de noche
no de día
no permitas por un instante
me sienta invulnerable
todopoderoso

Querida muerte
no me niegues la entrada
a tu oscuro vientre
a tu quietud anochecida

Querida muerte
infalible hermana
cuando cierres mis ojos
mi corazón sabrá dejar de latir

Querida muerte
desciende sobre mí rayo invencible
seré un milisegundo
de luz brillantísima.

martes, 30 de septiembre de 2008

Amuletos

Cuando estaba casado reprobaba que mi hijo viera tanta televisión. Y luego "jugando" tanto nintendo seguido. Una de mis frases más “witty” —tal vez según mi amiga Josefina es una frase muy al estilo de Fraiser— que enmarca maravillosamente la reprobación fue: “Naturaleza muerta con niño jugando nintendo” o “Naturaleza muerta con niño viento televisión”. Como sea.

Y nunca he escrito de ello. Seguramente es una proyección —gracias Perls— pero cuando veo a una persona enajenada con su teléfono celular me lleno de tristeza. No sé si mi hijo se abstraiga tanto con su chunche electrónico, hay veces que yo mismo lo hago, pero él es un adulto así que confío en que él sabrá. Pero -escribía- que me llena de tristeza esas naturalezas muertas de casi todos lados en La Ciudad de México. Desde luego las imágenes que abundan son de jovencitas y jovencitos. Juntos o separados. Tengo la percepción de que una date hoy en día entre adolescentes conlleva —necesariamente— el presumir los respectivos móviles y uno que otro besito “bluetooth”.

En mi infancia, adolescencia y edad adulta siempre vi a mi padre leer. No fue un padre ausente. De él obtuve un gusto enorme por la lectura. Mi casa paterna tiene una biblioteca formidable. Sobre todo de literatura e historia. El primer libro que me compré fue una antología de ciencia ficción. Creo que fue en quinto de primaria. Ahora que lo recuerdo y escribo me doy cuenta de que no lo tengo conmigo. Tal vez a fin de año lo vaya a buscar a la que fue mi recámara. Recuerdo que cuando lo llevé a casa mi padre le escribió: “El primer libro que Alejandro compra por sí mismo”. Ese libro fue un puñado de cortos cinematográficos sin pantalla. Espero no haberlo regalado. Me asusto con la idea. Regalar cosas mías fue una estupidez que cometí cuando me divorcié. No. Estupidez no. Una pendejada. Lo que quiero escribir es que el gusto a la lectura lo obtuve de ver a una figura masculina muy importante dedicándole horas y horas a diversos libros. En la sala o en la veranda de la casa paterna. En la biblioteca, claro está. En su despacho. Al esperar al dentista. Recuerdo que con el reverso de calendarios viejos de pared forraba sus libros recién después de comprados. Sin cinta adhesiva. Yo también aprehendí eso de mi padre.

Uno de mis compañeros del grupo terapéutico de hombres al que asisto me platicó de los morrales de amuletos. Definitivamente mi morral parental tiene un libro por parte de mi padre. Una primera edición de “100 años de soledad”. Por parte de mi madre tengo una licuadora maravillosa. Inspirado por mi madre escribí el siguiente texto:


Así huelo.
ALEjandro Guerra Aguilera


Cuando niño, los sábados le ayudaba a mi Mamá a cocinar. De sus pródigas manos sólo salían manjares: fruta de pollo, jalea de membrillo, pastel “Mai Onno”, mamey convertido en nieve, chongos enamorados de canela, lomo de cerdo salseado en papa, gelatina de jerez y vanilla, fideo seco con queso, capirotada, pastel de oscuro chocolate.


Ahora, en mi nueva vida, yo cocino para mí. Para mi gusto. También para agradar a otras personas y así celebrar el hecho simple de estar vivo. No sólo me alimento: busco cocinarme algo que se parezca a lo que he probado procurando la novedad. ¡Cómo recuerdo aquel experimento que de niño hice con huevo y frijoles y jamás probé! Años después supe que a ése experimento mío del Bajío Guanajuatense les dicen “huevos aporreados”, ¡si supieran mis hermanos Jarochos que yo fui el aporreado!


Cuando preparo algo de comer, procuro infundirle toda mi intencionalidad amorosa de ése instante. “¿A qué huele, qué le falta, ya está?” Es lo que me surge en mi contacto con lo que voy creando y cocinando. A mi señora madre le bastaba con oler para percibir la sazón de lo que preparaba. Cuando metía la cuchara y se servía en su palma un poco de ésa sustancia humeante sólo era para comprobar su afinado sentido del olfato. Y del gusto. Intento hacer lo mismo.
Me doy cuenta de que ahora, cuando cocino, le rindo homenaje a ésas mañanas sabatinas entre zanahorias y cernidores, recetas y sabores, consejos y corazón.

Sea este un homenaje a ambos.

martes, 23 de septiembre de 2008

Hildra y Tomás

Esa noche cuando Tomás se sentó frente al volante de su camión, le pidió a Dios el favor de llegar con bien a su destino. Le apasionaba conducir grandes vehículos. Ésa semana laboró en el tercer turno. A sus 49 años poseía una vista privilegiada y le daba gusto presumir que podía conducir de noche sin esforzarse: “Yo no tengo la vista cansada…” no se fatigaba de repetir a quienes le hacían algún comentario alusivo. Su próxima parada era la Terminal de autobuses del norte.

Tomás era divorciado. Se supo que tuvo varias novias pero no encontraba ninguna compañera con quien durara más de un año. “Estos tiempos son otros” solía decir al suspirar. Lo que no sabía es que esa madrugada estival se encontraría con la hembra de su vida.

Desde el día anterior Hildra estaba harta. Fastidiada de la comida y del aislamiento en el que se encontraba hace varios meses. Tenía 45 años. No había querido probar alimento. Ni los cacahuates japoneses sabor limón -sus favoritos- habían logrado levantarle el ánimo. A su edad era una virgen monumental. Lo que ella igualmente ignoraba es que poco después de la medianoche encontraría al hombre de su vida.

En la mañana del martes 23 de septiembre los periódicos de La Ciudad de México y del mundo equivocaron terriblemente la noticia de una colisión. Nadie supo que una antiquísima ceremonia del hinduismo siempre reúne a las almas gemelas de dos seres que están destinados a encontrarse toda la vida. Inclusive a costa de sus vidas. No importa si uno es un ser humano y la otra una elefanta. El amor jamás es poca cosa.

Nota en El Universal.

viernes, 12 de septiembre de 2008

jueves, 26 de junio de 2008

Homenaje a Juan Rulfo

palomas
                    pausas
                                        en los tejados
la tarde se llena de alas



en el campo
                         viento
desde la ceja de aquél cerro hasta la de aquél otro
todo lo que abarca el eco
                                                  la mirada
la Media Luna
                                        corriendo por el cementerio
mi voz iluminada
                                             por los portales
en el atrio de la iglesia
                                                  aparecen unas viejas
chismean
                                   a mi espalda
doblando la esquina
                                        rumores
desgastadas voces
                                            por las piedras
me detengo
                                   pienso en el pueblo
detenido por mis pensamientos


voces
                    pueblo de voces
de ecos
                    de murmullos
pueblo poblado
                              de murmullos de ecos de voces
pausas habitadas
                                   de silencios


pasa un entierro
                                        por las calles de mi memoria
alguien reza
un padrenuestro
alguien
no existe
el entierro se desdibuja
el silencio habita
                                                  la tarde
                                                                           se habita de noche
la luna abre puertas
cierra ventanas
el pueblo
se llena de ánimas y rebozos




escribo
calor
               y avanza
acá
               arriba
ahí
                    abajo
                                               la página se incendia
humo
                         en el instante
                                                                 el maíz madura amarillo
en la llanura verde
más allá de la Media Luna
más allá de la medianoche





cae el cielo
                              en el calor
nadie habita mis pensamientos
                                                                 quema la memoria
por el empedrado
                                        truena el cielo
llega la primavera
                                             nadie escucha
hace mucho que este pueblo no existe

miércoles, 25 de junio de 2008

Película: "Reconstrucción" (Reconstruction)

Jag älskar dig o cómo decir Te quiero en el preciso momento de la RECONSTRUCCIÓN.

Película dirigida por: Christoffer Boe
Con: Nikolaj Lie Kaas, Maria Bonnevie, Krister Henriksson
Género: Drama
País de Origen: Dinamarca

Año: 2003

reconstrucción.
1. f. Acción y efecto de reconstruir.

reconstruir.
(Del lat. reconstruĕre).

1. tr. Volver a construir. 2. tr. Unir, allegar, evocar recuerdos o ideas para completar el conocimiento de un hecho o el concepto de algo.


Un hombre corriendo apresuradamente. El teléfono del café no sirve. Fotografías repetidas de ciudad desde las alturas. Humo de cigarro. Un anillo en la hermosa mano de una mujer. La noche. Una cita.

El es Alex, un fotógrafo quien no quiere seguir la sobremesa con su padre. Y escapa al contacto de la mano de su novia Simone. Ella sonríe y lo cuida. Ella lo ama a pesar de que él por sí mismo no se lo dice. Ella escribe una nota y la desliza furtivamente en su abrigo.

El nombre de ella es Aimée mujer de ojos profundos azules y pausada voz encantadora. Aimée es la joven esposa de August un exitoso escritor quien la desatiende. August escribe sobre el amor y al hacerlo bosqueja, sugerentemente, el rumbo de la película —narrando— con matices precisos el encuentro de Alex y Aimée.

Siempre habrá un adagio de cuerdas, listo para entrar en escena cuando algo irremediable ha ocurrido, cuando todo se derrumba en el subibaja del amor y un sentimiento de desolación invade la garganta, nubla los ojos: vive en un suspiro.

El amor flota en la frontera que une y separa la vida y la muerte.

La noche se abre, enorme, silenciosa y granulada para abrigar a dos cuerpos amantes.

Alex necesitará vivir en carne propia un sueño terrible, y a partir de allí ensayar con personajes repetidos. Proyectados en los escaparates de su vida. Alex no está solo ignora que lo acompaña la narración de August. Alex estará obligado a vivir lo imposible: ver en otra mujer lo que su novia tiene o —peor aún—: ignorar lo que otra mujer tiene en su novia.

He aquí el inicio de la paradoja que mantendrá a Alex en suspenso por veinticuatro horas. ¿Es posible amar profundamente a dos mujeres distintas? o bien ¿es posible que dos mujeres amen a un mismo hombre? Quizás esas dos mujeres no sean sino una sola cada una la proyección de lo que Alex no ve en la persona real. Pero no lo sabe.


La nota que Simone escondió en el bolsillo del saco de Alex, ¿servirá para traerlo de regreso?, ¿será el camino de letras que Alex tiene que recorrer para integrar en su propia vida su sueño pero en sentido opuesto?

August, dentro de su oficio de escritor, sabe que la respuesta la tiene la última mujer: la única. La que se refleja en las vitrinas, la del día de ayer que es la misma del día de hoy y sin embargo es otra.

Alex a pesar de que duda en un momento decisivo: ¿sabrá a tiempo esta escisión de Simona y Aimée?, ¿superará la prueba?, ¿será lo suficientemente fuerte como para sacudirse de sus apegos?, ¿se arriesgará?, ¿de qué se dará cuenta?

Es temprano de mañana, mientras Alex por fin se ha despedido —de Aimée o de Simone, ¿qué más da la diferencia, de haberla?— a noche antes granulada, silenciosa y enorme se cierra, para luego expeler a dos cuerpos, antes amantes.

En este filme, todo es reconstrucción, ficción… y no por ello menos doloroso.
Ficha de la película en IMDB.

lunes, 23 de junio de 2008

Entre semana la lluvia

Estoy en mi casa esta tarde. Llovió y ahora escampa. Percibo un fuerte olor a plumas mojadas. El viento se lleva las nubes abandonando al cielo azul. ¿Qué quiero hacer? Salir.

Salgo a la calle. Hoy no treparé mi árbol favorito, ese trueno de ramas que sostienen el firmamento. ¿Qué quiero hacer? Jugar. ¿Con quién? Con Jorge, el niño que vive en la esquina.

Doy vuelta a la cuadra y llego a su casa. Toco la puerta y pregunto por él. Espero de pie sin entrar, vestido al gusto de mi mamá, sin mi uniforme de primaria.

Jorge sale y cierra la puerta. No sabemos qué hacer. No es sábado para pensar en jugar toda la mañana. Tampoco es buena idea usar el patín del diablo ni cosas con ruedas. Sólo nos queda la calle.

De pronto, me vuelvo para comprobar que el charco frente a su casa me jala, demanda mi atención: tengo una epifanía. Desciendo la banqueta perturbando con mis zapatos la tranquilidad de la ciénega sepia. Me agacho. Mis manos saludan al agua y me dejo caer. Me revuelco, me abandono, me olvido. Ahíto de lodo, perdono la tarde y todas sus nubes. Perdono que hoy sea entre semana. Perdono, por adelantado, a mi mamá mientras la veo llegar. Ella grita. Yo no la oigo, ordena que me levante y, jalando mi oreja, me lleva a casa. Mueve los labios como si hablara, parece que algo me dice pero no la escucho. Permanezco extático. Aún estoy en la frescura del barro original.

martes, 17 de junio de 2008

La fragilidad masculina.

A pesar de que vivimos hombres y mujeres en una sociedad que se caracteriza por sus rasgos paternalistas, machistas, falocráticos y sexistas, es alto el precio que se paga por ser “hombre” en el sentido “tradicional” de la palabra.

Aún desde antes de nacer la enorme mayoría de los padres y madres esperan tener un primogénito. Un varoncito. El cuerpo del varón es distinto al de la mujer y esto condiciona también su actitud y vivencia frente al mundo (Sanz).

Nuestra sociedad patriarcal occidental interpreta y valora las diferencias naturales (corporales externas e internas) de manera sexista privilegiando el cuerpo del varón y otorgando simbólicamente a sus genitales un poder social. Así se inicia un proceso de socialización que va invistiendo al varón de lo que se considera “masculinidad”. O sea el conjunto de valores, actitudes y comportamientos (grupales e individuales), distintos de los “femeninos”.

Escrito de otro modo, esta superioridad con la que se le educa, ocurre por el sencillo hecho de haber nacido con un pene y no con una vagina; y ocupa diversos ámbitos de su vida incluyendo por supuesto la sexual.

La simbolización del poder masculino a través de sus genitales estructura también gran parte de la autoestima del hombre. El “qué bien armado está este niño” que frecuentemente se comenta como halago ante un recién nacido, recoge este valor y va desarrollando fantásticamente a lo largo de la vida la estima masculina en torno a su “arma” grande y potente (Sanz).

Desde allí la sexualidad del varón es genital a diferencia de la sexualidad de la mujer que es global pero esa es otra historia.

El encuentro con otros varones es vivido desde una posición de iguales que están en competición. De ahí que el tamaño o potencia de los genitales sean vividos subjetivamente como factor de éxito (Sanz).

En nuestra sociedad, se inscribe la competencia como un valor netamente masculino, entre otros. Los hombres continuamente están en competencia con otros hombres. En todos los terrenos. “Juan tiene más viejas que tú” es una expresión común entre hombres. La competencia y superioridad es de carácter fálica, y en ciertos casos el falo es una expresión metafórica. –“Mi auto tiene 8 cilindros y el tuyo apenas llega a los 4”, – “Mi iPod es de 60 gigas” son expresiones que denotan superioridad y competencia.

Los hombres viven bajo una tensión cotidiana: demostrar que lo son. En cambio las mujeres no ponen en duda su feminidad. De ahí deviene que un insulto grave para un hombre sea precisamente cuestionar su masculinidad.

El hombre evita a toda costa “parecer marica”, “afeminado” o “joto”. Expresiones como “Soltero y maduro puto seguro” dan cuenta de ello. El hombre nunca “echará reversa” –no se lo permite a sí mismo-. El hombre deberá de serlo y demostrarlo aún a pesar de sí mismo.

El hombre para serlo tiene que cumplir con las tres “efes”: debe ser feo, fuerte y formal. Medias tintas no pertenecen a la hegemonía masculina. Tanta exigencia que el hombre carga –consciente o inconscientemente- pesa, le pesa, cuesta, le cuesta. Cuesta trabajo ser hombre.

La identidad masculina nace de la renuncia a lo femenino, no de la afirmación directa de lo masculino, lo cual deja a la identidad de género masculina tenue y frágil (Kimmel).

La masculinidad requiere de tres imperativos básicos que provocan una profunda ansiedad en el varón: fecundar, proveer y proteger, los cuales requieren, a su vez, de tres formas de comportamiento: competencia social, autonomía y actuación pública. Para alcanzar su estado ideal, el varón tiene que separarse del mundo de las mujeres y delimitar su propia actuación al separarse de su madre y de su esposa. Por eso son tan importantes las instituciones sociales encargadas de retirar a los niños y los jóvenes del mundo femenino (Gilmore).

Entonces el hombre reduce su sexualidad a sus genitales, mismos que no ocupan más del tres o cinco por ciento de su piel. Descuida así el órgano sexual más grande que tiene el género humano: la piel. Siempre vive preguntándose si el tamaño de su pene es “normal”. Casi obsesivamente examinará una y otra vez si el tamaño de su miembro es lo suficientemente grande para hacer a su pareja gozar. Como si el gozo de su pareja dependiera exclusivamente de él.

No hay que perder de vista la enorme carga que el hombre lleva sobre sí. Curiosamente esta carga afecta al pene a su “arma” supuestamente grande y potente.

Aquí está un círculo vicioso: el hombre tiene que ser hombre, ser fuerte, fecundador, proveedor, protector. Tiene que demostrarle a otros —y a sí mismo— que tiene un pene potente y fuerte. Y en terreno para demostrarlo es el de las relaciones sexuales. Pero tanta carga impide la erección o propicia una eyaculación veloz. Por lo tanto su vida sexual tiembla. El hombre tiembla pero no lo puede aceptar. Desde pequeño aprendió a no demostrar debilidad. ”Sólo las viejas se rajan” — se dice y así perpetúa su círculo vicioso su propia enredadera nociva.

Los problemas de Disfunción Eréctil tienen un fuerte componente Psicológico si no hay condiciones orgánicas (diabetes) o medicamentos que influyan en el sistema nervioso central. Los problemas de Eyaculación Precoz tienen un componente Psicológico en el 90% de los casos.

Las buenas noticias de estos problemas que afectan hondamente la frágil autoestima del varón, es que al tener un componente psicológico, una psicoterapia reeducativa —como la Gestáltica— podrá ser de gran ayuda. Parto de que mal que mal, hombres y mujeres hemos aprendido a disfrutar de nuestra vida sexual, la cual está influenciada por la educación que recibimos así como por las actitudes y mensajes que aprendimos en nuestras familias de origen –entre otros factores-. Y parto de que siempre podemos aprender.

Así, cuando la duda se instala en el miembro fálico o sus alrededores, acaba afectando a toda la persona (Mimoun).

Lo anterior gracias a una educación sexista inadecuada. Mientras estemos vivos, mujeres y hombres podemos modificar o terminar aquello que nos estorba. Mientras estemos vivos podremos des-aprender, re-aprender. Buena noticia.


Bibliografía
  • GILMORE, David. “Hacerse hombre. Concepciones culturales de la masculinidad”. Editorial Paidós.
  • MIMOUN, Sylvain y ÉTIENNE Rica. “Sexo y sentimientos. Versión hombre”, Editorial De Vecci.
  • KAPLAN, Helen. “La eyaculación precoz. Cómo reconocerla, tratarla y superarla”, Editorial DeBolsillo.
  • KIMMEL, Michael. “Masculinity as homophobia. Fear, Shame and Silence in the Construction of Gender Identity”. Thousand Oaks Sagan Publications
  • SANZ, Fina: “Psicoerotismo femenino y masculino. Para unas relaciones placenteras, autónomas y justas”, Editorial Kairós.

lunes, 16 de junio de 2008

Mi Vivencia Desnuda en el Zócalo.

Las primeras palabras de mi vivencia, –que para mí hoy día es La Vivencia- fueron: “Reveladora, Poderosa, Transformadora, Integradora, Confirmadora…”. En la mañana del lunes 07, los periódicos capitalinos destacaban la mayor concentración de personas participantes en los desnudos masivos de Spencer Tunick. Al leer la nota, lloré emocionado. La cifra va de 18 a 20 mil personas. “Yo estuve allí, yo participé, viví el estar desnudo junto a otras y otros miles…”

Mi epifanía es que la ropa me oculta o me revela: es mi carga rólica genérica cotidiana. Me visto como estudiante, como terapeuta, como cliente, como empleado o como deportista. Uso mi ropa como máscara, me doy cuenta de ello. Consciente o inconscientemente, me visto para manipular. La vestimenta se utiliza para censurar igual que para acentuar el propio cuerpo, favorece las relaciones objetales. Pero mi cuerpo es hermoso, lo voy sabiendo un poco más cada día. Mi cuerpo: yo mismo, ejemplo de la vida que vivo y he vivido.

En el Zócalo de La Ciudad de México, me desnudé por completo. Atrás dejé mis llaves, identificaciones, credenciales y tarjetas de crédito: simples plásticos. Abandoné mi ropa, mi teléfono celular –avatar posmoderno- y mis prejuicios. Desnudo yo: de pie, acostado o en posición fetal, junto con miles de otras y otros, solo fui una persona. De igual a igual traté, tratamos todas y todos. Con absoluto respeto. Con calidez. Miré y observé aceptante. Nadie se burló de nadie. Aplaudimos. Porras a la UNAM nuestra universidad, La Universidad de este continente. Gritamos. Guardamos silencio también. Fui y fuimos pura presencia en la mañana del sexto día de Mayo de 2007.

A mi izquierda –afectiva y rebelde- había una amorosa pareja gay masculina. Nadie los señaló, no había nada qué esconder, nada que evitar, ¿el amor se debe esconder?, ¿pesa más un culto a la violencia, al abuso, a la incongruencia que una simple existencia desnuda?

Me confundí con muchos miles de otras y otros en la sede de tres poderes de mi País: La Iglesia Católica, el Palacio Nacional y el Edificio del Gobierno del Distrito Federal, nuestro pequeño Territorio Santo, como el Jerusalén santo para el Judaísmo, Cristianismo e Islamismo y su zona de conflicto. Y en esa confluencia multitudinaria, varias fueron las consignas que gritamos todas y todos en distintos momentos: “¡Ahora sí Norberto, vas a ver, vas a ver!”, "¡Aborto sí! ¡Aborto sí! ¡Aborto sí!", “Norberto Rivera: ¡México se encuera!”, “¡Voto por voto, casilla por casilla!”, “Norberto Rivera: mi culo está de fuera”, “¡No al aborto!”, “¡Pinche gobierno de mierda, entreguista!”, “¡México, México, ra, ra, ra!”.

Me resultó cómodo y familiar desnudarme. Le temía más al frío que a exponerme. Le temía más a ser separado de mis amigas y amigos. En la primera posición –de pie- pude percatarme de que entre las casi doscientas personas que estaban más cerca de mi campo visual y semántico, sólo dos hombres tenían una erección. Mi contacto en ésa confluencia desnuda no fue de excitación, sino de seguridad y confort. Al cambiar a la segunda posición –acostado boca arriba-, hacia el hasta bandera solitaria y solidariamente desnuda, me sumergí en una realidad azul. Apenas rompía la mañana y yo de cara a un cielo limpio, y de espalda a un suelo frío de piedra milenaria. Al cambiar a la tercera posición –la fetal, la más difícil- me doblé lo más que pude para convertirme en un pequeño ovillo humano.

Mujeres de todas. Delgadas y gordas. Jóvenes y de edad avanzada. De grandes pechos o exiguos. De abundante vello púbico y no tanto. Con tatuaje y sin él. Algunas con estrías y otras no. Con cabello pintado o no. Altas y diminutas. Una mujer embarazada me maravilló y naturalmente me dejé sorprender al ver a otra mujer que en ése momento comenzó a menstruar.

Hombres de todos: flacos correosos y gruesos panzones. Pelones, melenudos y no. Morenos y altísimos. Con aretes y no. Piercing en pezones. Inclusive un hombre de capacidades diferentes –pero en desnudez fraternal- en su silla de ruedas.

Carlos Marx se equivocó. La sociedad sin clases sociales no tiene que ver con cuestiones financieras o económicas. La sociedad sin clases sociales es la tribu que hicimos todas desnudas y todos desnudos.

En aquel paraíso terrenal, no hubo pena alguna. Génesis: “Tanto el hombre como su mujer estaban desnudos, pero ninguno de los dos sentía vergüenza de estar así”.

Casi al final del evento a los hombres nos separaron de las mujeres. Se nos agradeció nuestra participación e indicó que ya podríamos vestirnos. Sin saber lo que vendría ellas felices, entonaron un mismo grito: “¡Hombres fuera!, ¡hombres fuera!”. Me pareció una desición sumamente desafortunada esta separación, ahora nosotros con ropa y ellas desarropadas. La sesión de fotos continuó, pero sólo con ellas. Algunas decidieron retirarse, otras se quedaron. El sol subía como saliendo del Templo Mayor. Entre tanto algunos hombres ya vestidos, corrían a llevarles ropas a ellas aún desnudas. No faltaron las fotos de cientos de teléfonos celulares. Seguramente debimos de parecerles amenazantes a ellas. Quebramos el paraíso. Algunas mujeres iban de prisa esquivando a tanto vestido y a ellas les aplaudí: no había razón de causarles pena y vergüenza inútilmente.

Regresé completamente fatigado, extenuado a mi casa. Todo yo me dolía, como si hubiera corrido o nadado hasta el cansancio. No solo fue la desvelada ni fresco de la mañana: fue el peso de una vivencia intensísima e inenarrable.

Ya no me veo igual a mí mismo. Tampoco veo igual a las otras y otros con quienes convivo –en diferente magnitud- día con día. Este ver a otra, a otro, desde el centro mismo de la desnudez persona a persona, lo he logrado en contadas situaciones cuando me pongo mis lentes de terapeuta y así veo a la persona que acude a mí, en busca de apoyo.

Hoy anhelo un contacto desnudo –quizás lo más cercano a la relación yo-tú Buberiana- donde no importe lo que tengo o lo que carezca. Donde el estar respetuoso, aceptante, cálido y amoroso sea la Relación. Atrás mis prejuicios, etiquetas, títulos y datos. Atrás mi ropa de presunto “civilizado”.
Adelante sólo las personas.

viernes, 13 de junio de 2008

¿Qué es ser mujer?

Hoja en blanco. Madrugada. Ojos que se abren y ven muchos otros abrirse; cerrarse también. Ímpetu y diligencia. Oportunidad de componer al universo y crear otro mayor. Amanecer. Tutora, consejera, guía, facilitadora, mentora, maestra: madre. Infancia. Destino. Puerto de abrigo, arribo, arraigo. Razón de las elegidas y los elegidos. Tierra prometida. Musa que mueve. Falda que baila. Bandera de cielo. Miríadas de manos. Atesora conocimientos arcanos que no se han escrito aún. Virgen y bruja. Penélope y Lilith. Minerva Atenea y Marcela Pastora. Más bella que el sol. Sólo su pecho guarda el enigma del plenilunio por duplicado. Líder. Heroína. Árbol al mediodía para la libertad. Cautiva y generosa a veces sangra. La culpa la asecha pero si pausa su camino y voltea, con su mirada la convierte en un montón de ceniza. Hierve tranquila. Destejedora y sueña. Hermana esquiva. Saeta de pies ligeros. Devota y perenne; sexual: sus nalgas redondas son el logos del mundo. El mar le escribe en la playa. Su cuerpo continuamente rinde frutos: una flor de luna, un hechizo sonoro, una afrenta antigua, un rotundo no, una sonrisa de piña. Atardecer. Su nombre es un puente colgante que vuela y detiene: Remedios, Soledad, Amparo, Consuelo, Lidia, Auxilio, Socorro. Juana de todos los arcos y Rosa de los vientos. Canción y poema. Corazón que arde y separa el veneno del pan. Multiplica bendiciones. No necesita sotana para ser diosa, deidad o nube, porque es lluvia que no escampa. Dadora de vida —ahíta— cuestiona también la propia; crea e interrumpe. Elige siempre y decide bien: María Sótano de golondrinas: ombligo de alas y aleaje. Precipicio y balcón. Beso precipitado. En su cabeza hay una llamarada, con ella ilumina la caverna de nuestra conciencia. Las abuelas son una caricia tardía. Anochecer.